Desvíos (fragmento)René Crevel

Desvíos (fragmento)

"Durante mi convalecencia, cuando me fue posible pensar en la vida que iba a reiniciar, decidí volver a mis estudios. La felicidad no nos llega sin algunos ejercicios especializados. Sabía a qué cosas tenía que renunciar, pero ya no me sentía capaz, para conservar todas las posibilidades, de despreciar los trabajos cotidianos o de aceptar cualquier suntuosa ociosidad.
Había llegado el momento de elegir, por fin lo entendía, sin tener que envidiar la holganza de los carpinteros que se niegan a clavar clavos.
Dar golpes a un trozo de madera con los brazos encogidos, como un estribillo -herramientas en las manos, canciones en los labios- era una clase de felicidad de la que no me sentía en absoluto capaz; sencillamente recordaba que había iniciado mis estudios de filosofía. Como suele ser frecuente, me aferraba a los recuerdos; pensaba en la calma y en la frescura de los pasillos de la Sorbona; una tarde, en el patio, me había echado sobre un banco de piedra, y las palmas de mis manos habían tenido la dicha de encontrar por fin algo menos candente; gotas reblandecían el polvo; por todo vegetal, las lilas de un macetón verde; pero entre las paredes de esta estación modelo y abandonada se abría por lo menos un rincón de auténtico paisaje: la vieja iglesia obispal con el aspecto de una reina viuda de incógnito pretendía que el orden no está reñido con cierta belleza; entonces, Dios mío, por qué no simular haberse dejado convencer. "



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