El complejo de Di (fragmento) Dai Sijie

El complejo de Di (fragmento)

"El tercer cajón del escritorio del Juez Di estaba entreabierto exactamente como le había dicho a Muo el abogado de Volcán de la Vieja Luna. Esa discreta abertura, apenas visible era la señal convenida de que se aceptaba recibir una carta de credencial. Convencionalmente, el corruptor debía introducir en el cajón un sobre rojo con el soborno y, conforme a la regla, el beneficiario hacía como que no había visto nada.
Tras las gafas, milagrosamente intactas, los ojos de Muo, todavía hinchados y rodeados de moratones, escrutaban la milimétrica abertura del cajón, como un agente secreto de película de espionaje que observa a un desconocido en busca de una señal convenida que le permita reconocerlo como uno de los suyos. Muo tenía el corazón palpitante y se sentía como si un vino mágico se le hubiera subido a la cabeza. El secretario del juez Di se había marchado tras hacerle pasar al despacho. Ahora estaba solo, en un sofá cuyo olor a cuero viejo saturaba la habitación. Metió la mano en el portafolios y con la punta de los dedos tocó el sobre, en cuyo interior notó el sensual espesor del fajo de cien billetes nuevos de cien dólares, sujeto con una delgada goma elástica estirada al máximo.
Se levantó y se acercó al escritorio. El calor le había empañado los cristales de las gafas. Se sentía invadido por una sensación vaporosa. Nunca había estado tan cerca de la felicidad. Ante él, el escritorio estaba envuelto en un halo resplandeciente. Era como si el Volcán de la Vieja Luna fuera a salir por la abertura del cajón en cualquier momento. Muo miraba el cajón recreándose en la bendita fisura que había encontrado al fin en la muralla de la dictadura del proletariado.
De pronto una verdad se abrió paso hasta su cerebro: ¡evidentemente! El famoso tercer cajón siempre estaba así. Era un semáforo permanentemente en verde. Un mensaje dirigido a todo el mundo, y no sólo a la atención de Muo. ¿Cuántas veces lo habría abierto el corrupto propietario para sacar un sobre rojo sin saber el nombre del donante ni el motivo de la donación?
Una vez calmada su exaltación, el mueble apareció ante él tal como era: de madera lustrosa, con sobremesa de polvoriento mármol, sobra la que descansaba la foto enmarcada de dos sonrientes muchachas (¿las hijas de Di?). Al lado, encima de un televisor, un rayo de sol que se colaba por la persiana veneciana derramaba confetis de luz sobre un extraño objeto, el único en todo el despacho que podía ser calificado de obra de arte. Parecían monedas de cobre, pero era un modelo a escala de avión de combate hecho exclusivamente con casquillos de bala de fusil. Centenares de casquillos, cada uno de los cuales llevaba grabados un nombre y una fecha.
Muo oyó un paso en el mármol de la entrada y luego otro en el suelo de madera del despacho, y sus ojos se apartaron del avión de combate para encontrarse con la inquisitiva mirada del anciano de fino bigote que vestía uniforme azul marino con el emblema rojo de la República china donde aparecía enmarcada la palabra "magistrado" bordada en una manga. "



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