Música concreta (fragmento)Amparo Dávila

Música concreta (fragmento)

"Recordaba con toda claridad el gran patio central con su majestuosa arquería, la capilla a un lado, el jardín, el enorme comedor con su larga mesa, las galerías, las celdas, el escritorio de su padre, donde siempre lo encontraba escribiendo, leyendo, pensando; la puerta que separaba el mundo de la luz y el mundo de la sombra, el mundo de lo conocido y el mundo de lo desconocido, de aquel misterio temido y anhelado...
... todos los veranos salimos de vacaciones y mi familia renta un viejo convento abandonado para ir a descansar y a huir del calor de la ciudad. Yo debo haber tenido unos cuantos meses la primera, vez que me llevaron al convento y desde entonces no hemos dejado de ir verano tras verano durante muchos años. ¡Qué felices somos mis hermanos y yo de dejar por un tiempo el departamento de la ciudad, la escuela y las tareas, de tener todo el día para jugar y tanto espacio...!
... comenzamos a hacer planes y preparativos para las vacaciones con varios meses de anticipación. Seleccionamos cuidadosamente los juguetes y la ropa que vamos a llevar y ahorramos casi todo el dinero que mi padre nos da los domingos, para dulces y helados. Con ese dinero comprarnos las cosas que necesitamos para nuestros juegos...
... durante el día el viejo convento es un lugar maravilloso. Las horas se nos van jugando a la pelota en el patio central o en el jardín. Nuestro jardín fue el cementerio de los frailes y está lleno de tumbas que sólo tienen unas lápidas de cantera al nivel del suelo; en algunas todavía se pueden leer los nombres de los monjes, en otras están ya borrados. Sólo hay una tumba grande con monumento, la de un Obispo que, según cuentan, vino a visitar el convento y se murió de pronto. Nosotros corremos y brincamos sobre las tumbas atrapando ardillas o cazando mariposas; otras veces somos exploradores en busca de grandes tesoros cuyo hallazgo nos convertirá de la noche a la mañana en señores poderosos... No pudo menos que sonreír. La lectura del diario lo complacía y no dejó de sentir nostalgia de aquella edad tan desprovista de malicia literaria y de las complicaciones de la vida. Lo había escrito entre los nueve y los dieciséis años y estaba dividido en dos partes: la primera contenía episodios de su infancia y la segunda el comienzo de su primera juventud. El diario quedó interrumpido cuando se fue a Francia. Con este solo hecho había sentido que pasaba a una etapa más seria de su vida y que el diario era un síntoma de adolescencia...
...al anochecer todo cambia de rostro; nuestro castillo (nosotros jugamos a que el convento es un castillo legendario) se transforma en una serie de largas y oscuras galerías sumidas en el silencio. Por ningún motivo nos hacen ir al jardín o atravesar solos el patio central; bajo la luz de la luna se pueblan de sombras aterradoras y monstruosas. Los duraznos y los almendros que el viento mueve semejan espectros que se abalanzan sobre nosotros. "



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