Madame Petit-Jardin (fragmento)Myriam Harry

Madame Petit-Jardin (fragmento)

"El dulce aroma de las flores se mezclaba con el olor embriagador de la Boukha.
Sentí una fuerte migraña...
Cambió la posición de las piernas y se dispuso a bajar del sofá.
Era alta y delgada, de enormes ojos que parecían gotas de almizcle. Tenía la boca de un rojo color sangre; su rostro mostraba una fatal pasividad, una renuncia propia de una dolorosa Madonna, en vez de la faz propia de una danzarina.
Se puso de pie, con el rostro ausente y hierático, sus brazos cruzados sobre el pecho, en una actitud de divina modestia, mientras que apenas movía su cuerpo, el estómago parecía retorcerse presa de la angustia y la desesperación, como si súbitamente fuera poseída por una furia libidinosa carente de sentido, una inmodestia bestial, epiléptica, una oferta sensual a los espectadores -la rutina simultánea y universal de una mujer abrumada por la inevitabilidad de la patética sumisión a la lujuria de los hombres.
Y la música acompañaba esta dolorosa depravación, una melodía plañidera, inquietante, monótona, similar a la que interpretan mis amigos exiliados en la pequeña Arabia tras Notre Dame. Poco después, se detuvo extasiada. "



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