Un ajuste de cuentas (fragmento)Tibor Déry

Un ajuste de cuentas (fragmento)

"El anciano miró la pistola que sobresalía de la gabardina de Tommy.
"Estoy enfadado contigo, mi joven amigo" -dijo. "Incluso, aunque por alguna razón desconocida, tuvieras derecho a que me mostrara solidario con lo que te sucede, forzarme a admitirlo carece de tacto y es muy impertinente por tu parte. Y lo que es más, no sólo me extorsionas en contra de mi natural forma de proceder, sino que eres capaz de caer tan bajo como para exigir inmediatamente -sin contar con mi aprobación- mi ayuda, mi implicación personal. Quieres que me arriesgue, que desafíe la ley, que vaya a prisión y que en última instancia muera como un mártir... Estoy tergiversando la cuestión, tú no me estás pidiendo esto, sino que me estás forzando o tratas de apelar a estúpidas leyes morales... Me fuerzas a ir a prisión, al patíbulo y todo esto un minuto antes de que la entrada esté cerrada, en mi propio apartamento, mientras sonríes como un idiota y ensucias mi antesala, la cual había encerado ayer...
Y finalmente tienes el descaro, en el colmo de tu pueril broma, de ofrecerte burlonamente a limpiar este charco. ¿Acaso te orinas como los niños? ¿Lo limpiarías si te lo pidiera?"
"Se lo vuelvo a repetir, una palabra más y le arrancaré la piel, señor," dijo el estudiante.
"¿No eres muy perspicaz, mi joven amigo?", preguntó el profesor. "¿No puedes distinguir entre aprobación e identificación? ¿No sabes que si un hombre de sesenta y dos se manifiesta de acuerdo con uno de veinte, las consecuencias no son las mismas para ambos? ¿No sabes que lo que es adecuado para ti no lo es para mí? ¿No sabes que los jóvenes actúan y los viejos juzgan? ¿Te impide la pasión por el juego distinguir entre las obligaciones de la juventud y los derechos de la ancianidad? Qué imagen más miserable del mundo tienes si puedes con buena fe pedirme que sacrifique mi vida, o que la ponga en peligro por tus insignificantes y superficiales veinte años... Sí, así es, no me mires con ese estúpido brillo en tu mirada. Si te atreves a cambiar la realidad presente, que me he ganado, por un puñado de promesas, con un guiño gay y sin meditarlo, dónde está la garantía de que cumplirás? Muéstrame algún sueño cuyo peso sea consistente. Hasta ahora me parecía que eras franco y valiente, aunque nunca había estimado mucho tu inteligencia. Pero ahora me he dado cuenta, y lo lamento mi querido amigo, que no eres más que un cobarde. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com