La hija del sepulturero (fragmento)Joyce Carol Oates

La hija del sepulturero (fragmento)

"Los viernes por la tarde a las cuatro y media tenía la clase de piano. Se quedaba en la escuela primaria de Bay Street (con el permiso de su profesor, en la improvisada biblioteca donde para el primero de noviembre ya se había leído la mitad de los libros de las estanterías, incluidos los destinados a los alumnos de quinto y sexto grado) hasta que llegaba la hora y entonces se apresuraba, con la tensión de la expectativa, a la vecina escuela secundaria de la misma calle donde en el auditorio, en una esquina del escenario, el señor Sarrantini daba clases de piano de media hora de duración con unos niveles de concentración y entusiasmo notablemente distintos. El señor Sarrantini era director musical de todas las escuelas públicas del municipio, además de organista de la iglesia católica del Santo Redentor. Era un hombre de vientre voluminoso que respiraba con dificultad, rostro encendido y ojos vacilantes, y de una edad que ningún niño de seis años podía adivinar excepto para calificarla de «avanzada». Mientras escuchaba los ejercicios de sus alumnos, el señor Sarrantini permitía que se le cerrasen los ojos. De cerca olía a algo muy dulce como vino tinto y a algo muy fuerte y acre como tabaco. Las tardes de los viernes, cuando Zacharias Jones llegaba para su clase, era probable que el señor Sarrantini estuviera muy cansado e irascible. A veces, al iniciar Zacharias sus escalas, el señor Sarrantini lo interrumpía:
—¡Basta! No hay necesidad de insistir en lo ya sabido.
Otras veces el señor Sarrantini parecía descontento de Zack. Detectaba en el más joven de sus alumnos una «actitud deficiente ante el piano». A Hazel Jones le había dicho que su hijo tenía talento, hasta cierto punto; que era capaz de tocar de oído y que con el tiempo podría repentizar cualquier pieza de música. Pero los pasos para tocar bien el piano eran arduos, y muy específicos, la «disciplina del piano» era crucial, el niño tenía que aprender sus escalas y estudiar las piezas en el orden exacto prescrito para los principiantes antes de lanzarse a composiciones más complicadas. Cuando Zack iba más allá de sus deberes en Mi primer año al piano, el señor Sarrantini fruncía el ceño y le decía que parase. En una ocasión le dio un golpe en las manos. En otra bajó la tapa del teclado hasta media altura sobre los dedos de Zack como para aplastarlos. El niño apartó las manos justo a tiempo. "



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