Un combate por Roma (fragmento)Felix Dahn

Un combate por Roma (fragmento)

"Silverio respiró aliviado. Los otros eran víctimas de una vergüenza silenciosa. Sin embargo, Licinio se armó de valor: "Hemos desafiado a los bárbaros tras nuestros muros", dijo, alzando su hermosa cabeza. "Estos muros, Licinio, llevan en pie toda una eternidad, no un sólo día" "Moriremos como ciudadanos libres", dijo Scaevola. "La curia nos ha otorgado hábilmente tres horas más", rió Cetego, encogiéndose de hombros. Silverio se aproximó con los brazos abiertos, como para darle un beso, pero Cetego lo eludió, diciendo: "La patria y la iglesia están con nosotros, no lo dudéis" -dijo el sacerdote. Licinio asió la mano del prefecto:
"Llegué a dudarlo", clamó con hermoso tono, "Perdóname, romano. Esta espada que debía darte muerte a partir de hoy se halla a tu servicio. Hoy es el día de la libertad, de romper el yugo de los cónsules. ¡Salve, dictador Cetego! Y con los ojos brillantes se apresuró a marcharse. El prefecto lo miró con satisfacción. "Dictador, sí, pero sólo hasta asegurar la prevalencia de la República", dijo el jurista. "Sí", sonrió Cetego, "Despertaremos a la República y Bruto y Camilo serán sus líderes tras todo este tiempo" ¿No eras tú, Silverio, el prefecto de Roma?, inquirió el sacerdote. "Tu sabes que tuve la ambición de liderar la causa de la patria, pero mi hora pasó" "Un papa de libre elección como cabeza de la iglesia romana, ésa era la única promesa" "Sí", dijo Cetego "Silverio será ese Papa" El sacerdote se retiró con una sonrisa en los labios, pero meditando seriamente en su corazón. "Vamos", dijo Cetego tras una pausa a sus compañeros. "Para derrocar a los opresores se necesita un tirano. "



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