El peregrino (fragmento)Leon Uris

El peregrino (fragmento)

"La noticia se difundió rápidamente en Palestina, de mezquita en mezquita, acompañada por fotografías burdamente falsificadas.
—¡Que mueran los judíos!
En la ciudad santa de Safed, de Galilea, donde los eruditos judíos orientales estudiaban los libros místicos de la Cábala y el Zohar, quince resultaron masacrados.
—¡Que mueran los judíos!
En Hebrón, la ciudad de Abrahán, donde judíos y musulmanes adoraban conjuntamente la tumba de los patriarcas, la tumba de Abrahán y numerosos personajes bíblicos, la turbamulta asesinó y descuartizó a sesenta y cuatro hombres, mujeres y niños desarmados.
Otros ataques se coordinaron a medida que los árabes salían de las mezquitas de Jaffa, Haifa, Beer Tuvia y Hulla instigados por la infame mentira de que los judíos estaban apoderándose de Harén esh Sharif.
Utilizando el pulpito y el poder que le confería su cargo de Mufti, Haj Amin al Heusseini desplegó hábilmente sus tentáculos hasta el último rincón de Palestina durante la década de 1920. Era un terrateniente con enormes propiedades entregadas en aparcería, al más puro estilo feudal. El reino del Mufti era una región paupérrima de esclavos analfabetos y desesperados, fácilmente conducidos al fanatismo religioso dentro de la mezquita.
El Mufti impidió la creación de una liga árabe, que lo habría obligado a colaborar con clanes rivales y a reducir sus ambiciones personales. Así fue como la comunidad árabe quedó sometida a un estado de pobreza y falta de salud, sin sistema educativo ni la menor planificación para el progreso futuro. Mientras tanto, la liga judía prosperaba.
En cambio, el Mufti se dedicó a las intrigas. La vida árabe giraba totalmente en torno de la religión musulmana. Un Consejo Supremo Musulmán era el principal organismo de administración de los fondos religiosos, de los tribunales religiosos, de las mezquitas, del dinero destinado a los huérfanos y a la educación. Haj Amin al Heusseini se apoderó de la presidencia del Consejo lo que, sumado a su cargo de Mufti, le confirió mayor poder sobre la comunidad árabe.
Como presidente del Consejo Supremo, tenía a su disposición enormes sumas de dinero sin tener que rendir cuentas públicamente. También controlaba el nombramiento de predicadores, funcionarios de las mezquitas, maestros y jueces. Tan vastos y despóticos habían llegado a ser sus poderes, que sin la menor modestia agregó la palabra «Grande» a su título, y así pasó a ser conocido como el Gran Mufti de Jerusalén. La tranquilidad de la década quedó deliberadamente interrumpida cuando desató sus legiones en un burdo intento de alcanzar el poder absoluto. "



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