Vistas parisienses (fragmento)Paul Groussac

Vistas parisienses (fragmento)

"Pero no son aquéllos sino raptos fugitivos, muy distantes de compensar la aridez de un drama fundado en una sola situación facticia, y tan desnudo de verdad psicológica como de estilo. Esa interpretación pro sobresaltos y sacudidas, que sólo en los minutos de crisis revela su potencia, se asemeja a un paño común y sin gran valor, pero cuya vulgar textura está realzada con el más raro y magnífico bordado. No puede discutirse, entre tanto, que sea Sarah Bernhardt una criatura de temple excepcional y, como dirían los ingleses, "magnética", hacia cuyas exhibiciones escénicas y alborotos privados, repercutidos con harta complacencia por el compadraje o "comadraje" periodístico, convergen hoy las miradas del mundo.
Existe -y ha existido siempre- en todas las grandes capitales, llegadas como ésta a un alto grado de civilización, una extraña clase social (aunque durante siglos subsistió al margen de la sociedad): la componen individuos de ambos sexos, consagrados exclusivamente al deleite y solaz del público. Es un mundo pequeño dedicado a distraer al grande; o sea, a divertir a los que entre sí -con la conversación, la lectura, los cuentos y los juegos inocentes o nocivos- no alcanzan a divertirse. Es gente nocheriega; hombres y mujeres se pintan y afeitan para disfrazar su juventud o su vejez: cubren su cabeza con pelucas y su cuerpo con oropeles de todas las épocas y países: se afanan cada noche en fingir pasiones que no sienten, pronunciar palabras que les salen de la garganta a los labios sin haber pasado por otro compartimiento cerebral que el de la memoria: hacen ad libitum muecas y visajes de dolor o de alegría, pues lloran y ríen con igual facilidad, habiendo alquilado al efecto su cuerpo y su alma por cierta suma de dinero, -que para algunos raya en fantástica. Tiene por sol resplandeciente una hilera de gas encendido a sus pies: habitan en palacios o cabañas de lienzo pintado. Según sean sus papeles trágicos o cómicos trabajan por provocar nuestra angustia, hiriéndose con puñales de palo, o nuestra hilaridad gesticulando grotescos accidentes. De día poco salen y se ven, deslizándose desteñidos, marchitos, como ofuscados por la luz del sol, con algo del andar zurdo y tropezador de las aves nocturnas en pleno día. En vista de todo ello, suelen llamarse "artistas" -lo que equivale a llamarse "estatuarios" los fundidores de estatuas. "



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