El año del desierto (fragmento)Pedro Mairal

El año del desierto (fragmento)

"El modo en que ellos cruzaban la pierna con una rodilla sobre la otra, el gesto un poco femenino, el pie hamacándose en el aire.
No les entendía. Bajé la mirada hacia mi pierna rota, quería ver la fuente del dolor para evitarlo. Me miré el vestido azul que me habían puesto. Vi que tenía algo verde, cosido al bretel, como una mosca. La toqué; era de género y estaba fruncida. La abrí con la punta de los dedos. Era una mariposa, como la que tenía el vestido que yo me había querido comprar. ¿Sería el mismo? Estaba casi irreconocible, mugriento, hecho harapos.
Me sacaron de ahí y me llevaron hasta un box, en la otra punta de ese piso; me pusieron bajo un escritorio. Había otra gente tirada entre sus cosas. Cada oficina era un nido humano, con bolsas y trapos y basura. Al rato vino una mujer, me dio agua y me entablillo la pierna con dos estantes de madera aglomerada. Tuvieron que sostenerme. Cada vez que ella me tocaba, era como si me clavaran un cuchillo en la rodilla, no podía evitar sacarle las manos. Me habló. Yo quería que me dejaran tranquila. Cuando se fue, enseguida me dormí.
Me desperté de noche. Sólo había un candil en el pasillo. Me arrastré por la alfombra, entre la gente dormida, hasta los ascensores. Sabía muy bien dónde quería ir. Nadie me vio en la oscuridad. Empujé la puerta de emergencia y empecé a subir las escaleras, a tientas. Sólo quería subir, no tenía claro cuántos pisos eran. Creía que, si llegaba muy arriba hasta ese piso, si llegaba a mi escritorio en recepción, a mis cosas, a mis jeans doblados en el último cajón, si llegaba a mi silla, al amanecer la ciudad volvería a estar en su lugar, toda la ciudad vista desde los ventanales, y yo podría trabajar un rato y volver en tren a casa y encontrarme con papá. Sólo tenía que subir. Era difícil arrastrarme apoyando los codos y la cadera. Me iba sentando en cada escalón, me ayudaba con la pierna sana. De a ratos paraba a descansar y seguía. Tenía fiebre. "



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