Coraje y camaradería en Afganistán (fragmento)Jacinto Antón

Coraje y camaradería en Afganistán (fragmento)

"Hennessey destaca el valor de esa gente para los que no hay fin de la estancia en el infierno de la guerra, ni regreso a casa entre himnos y banderas. Cuando los soldados afganos están en su anárquico, fumeta y suicida (¡) peor aspecto son terribles, dice el oficial británico, pero cuando están de buenas y luchan por algo en lo que creen, aunque combatan con entrenamiento y armamento insuficientes, resultan temibles. Son gente curiosa, con sus propias tradiciones y curiosas creencias (como que no se debe luchar cuando hay arco iris pues de pasar bajo él te conviertes en mujer –algo poco deseable para un afgano, visto cómo las tratan-).

Hennessey describe con verdadera camaradería a esos conmilitones del 1/3/205 y los recuerda con nostalgia al marcharse: “El exhausto kandak quedó atrás, luchando en el medio de ninguna parte”. El oficial cita un poema tayiko -“¿qué más podéis desear sino tomar la espada, vosotros nacidos de una madre afgana?”- y la famosa arenga de Henry V en Agincourt –“De hoy en adelante el que haya vertido su sangre conmigo será mi hermano”- que demuestran su emotivo compromiso con los soldados afganos.

Decía que son días de casualidades. El último libro que he leído antes del de Hennessey es también sobre soldados británicos que combaten junto a nativos. Los mismos problemas de confianza y lealtades. El mismo escenario. Pero de una guerra anterior. Se trata de El leopardo y la montaña (Alamud, 2012), una inolvidable novela de Wallace Breem sobre el verdadero coraje y la verdadera amistad ambientada en la frontera noroccidental de la India británica durante la Tercera Guerra Afgana (1919-1921). Wallace Breem (1926-1990), autor de otra excepcional novela histórica (también de guerra y frontera, pero de romanos), El águila en la nieve (Alamud, 2008), fue un tipo curioso: pasó de ser teniente en el Cuerpo de Guías, The Guides Cavalry, 10 th Queen Victoria’s Own Frontier Force –la unidad de la que todos hubiéramos querido formar parte, de atrevernos, acaso sin el panaché de los lanceros de Bengala pero con muchas más aventuras, incluida la defensa (desbordada) de la Residencia de Kabul: recuerden Pabellones lejanos-, a convertirse en bibliotecario. E ilustre bibliotecario: llegó a Guardián de los Manuscritos de la Inner Temple de Londres. En fin, en realidad, todos lo sabemos no hay tanta distancia entre la acción en la frontera de la India y los libros. "



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