Lo que mueve el mundo (fragmento)Kirmen Uribe

Lo que mueve el mundo (fragmento)

"¿Cuántas oportunidades nos da la vida en lo que se refiere a los amigos? ¿Cuántos de ellos sentimos que son de verdad? Herman miraba hacia la calle desde su escritorio. Justo enfrente, la casa y los árboles de costumbre. Más allá, el canal, helado; los ánades caminaban sobre el hielo. ¿Cuántos amigos sentimos muy, pero muy cercanos? Eso era lo que se preguntaba. Puede que sólo uno, pensó Herman, ese que sentimos tan de verdad es tan sólo uno. Y, cuando no lo tenemos a nuestro lado, cuesta llegar a cierto grado de profundidad. Quizá porque no tenemos tiempo para ahondar en nuestras relaciones, quizá porque la vida te lleva por otro lado. En esos casos no queda más que la memoria de lo vivido, el recuerdo de esa estrecha unión con un amigo que lograste un día. Aquello que conseguiste una vez, que probablemente no volverá a repetirse. Un amigo te aceptará tal como eres, defectos incluidos, aun cuando por un momento lo dejes de lado. Y, a pesar de que pase mucho tiempo sin que estéis juntos, no se preocupa; para un amigo, el tiempo tiene otra medida, así que no se apura. Te pondrás a hablar con él como si os hubierais visto la víspera; como si, a pesar del paso de los años, siguieras siendo el de siempre. Saber que siempre estará ahí, que admitirá los excesos que hagas en la vida, aporta una gran tranquilidad, una paz que tal vez no pueda alcanzarse en otro tipo de relación. Quizá sea la amistad la más perfecta de las relaciones, o la más humana. Arquíloco escribió: «Para salir por la noche tengo muchos amigos, pero si me ocurre alguna desgracia pocos me son leales.» Pues precisamente esos pocos son los que importan. Pero Herman vuelve a preguntarse cuántas ocasiones de esas nos da la vida. —No pienses tanto en ese amigo que has perdido. Piensa que has tenido suerte de tener una amistad así —le dice Marthe—, piensa en lo fuerte que fue en un tiempo. —Sí, pero todo ha sido por mi culpa... Los ánades siguen caminando, torpes, sobre el canal helado. La ventisca silba y agita los árboles deshojados. Las bicicletas avanzan por la llanada. Campos fértiles y extensos en plena primavera. "


El Poder de la Palabra
epdlp.com