Violeta del Prater (fragmento)Christopher Isherwood

Violeta del Prater (fragmento)

"Después de J. vendrían K. y L. y M., siguiendo el alfabeto. De nada sirve ser sentimentalmente cínico o cínicamente sentimental sobre esto. Porque J. no es realmente lo que yo quiero. J. sólo tiene el valor de existir ahora. J. pasará, la necesidad persistirá. La necesidad de volver a la oscuridad, a la cama, al cálido, desnudo abrazo en que J. no es más J. que K., L. o M., en que no hay nada más que la proximidad y la penosa inutilidad de ceñir con los brazos el cuerpo desnudo. El dolor del hambre substancial. Y el fin de todo acto de amor, el sueño sin sueños posterior al orgasmo y semejante a la muerte. La muerte, la deseada, la temida. El anhelado sueño. El terror del sueño que se aproxima. La muerte. La guerra. La vasta ciudad dormida, predestinada a las bombas. El rugir de los motores que se acercan. La ametralladora. Los gritos. Las casas derribadas. La muerte universal. Mi propia muerte. La muerte del mundo visto, conocido, gustado y tangible. La muerte con su ejército de miedos. No los miedos reconocidos, los miedos que se proclaman. Otros más terribles: los miedos privados de la infancia. El miedo a la zambullida desde lo alto, al perro del granjero y al caballo del vicario; el miedo a los roperos; el miedo al pasillo oscuro; el miedo a partirse la uña del dedo con el escoplo. Y detrás de ellos, el más indeciblemente horrible de todos, el archimiedo: el miedo de tener miedo. No se puede escapar. Nunca, nunca. Ni aunque uno corra hacia el confín del mundo, ni aunque uno llame a Mamá a gritos, apriete los labios, o se dé a la bebida o a las drogas. Ese miedo está entronizado en mi corazón. Siempre lo llevo conmigo. Pero si es mío, si realmente está dentro de mí... Entonces... Entonces... Y, en ese momento, infinitamente desvaído y lejano, como la visión a la distancia de un sendero de cabras en la montaña, entre las nubes, veo otra cosa: el camino que lleva a la seguridad, adonde no hay miedo, soledad ni necesidad de J., K., L., ni M. Durante un segundo lo vislumbro. Durante un instante, hasta lo veo claramente. Luego las nubes se cierran, y el viento del glaciar, con la inhumana frialdad de los picos, toca mi mejilla. "


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