Adiós a la reina (fragmento)Chantal Thomas

Adiós a la reina (fragmento)

"Para regresar al castillo seguí la ruta adecuada a través de la Huerta Real, luego por las dependencias de la superintendencia. El itinerario en principio podría parecer más seguro, visto desde fuera, pero en la práctica me resultó profundamente molesto. En este antiguo barrio, que había sido una vez un pueblo de Versalles, muchos diputados de la Tercera República habían fijado su residencia. La perspectiva de encontrarme con hombres tristemente vestidos, reflejo de la manera en que se habían tratado unos a otros, no era la más halagüeña. Superé mis recelos, no obstante, y me dispuse a recorrer la longitud completa de la calle sin mirar. Antes de haber llegado a la primera puerta del castillo, me sentí lo suficientemente segura como para recuperar el regalo de la vista. En el Patio Real se estaba ejecutando el cambio de la guardia. Tarareé y acompañé la música de los tambores y trompetas. Al pasar, tomé una jarra de agua bajo las escaleras de la despensa de la pequeña Alice –ella era la sirvienta de Madame de Bargue (que era lo suficientemente afortunada para disponer de una vivienda con fuente)- y volví a mi habitación para adecentarme. Cambié mis medias de lana por unas de seda fina y, para reemplazar mi pañuelo, elegí un chal de tartán de color blanco y negro. Me arreglé el pelo. Quería también reorganizar las lecturas que había dispuesto para la Reina. Había sido avisada con veinticuatro horas de antelación. Hoy sería el primer día que habría de acudir a su presencia.
SESIÓN DE LECTURA CON LA REINA
EN EL PETIT TRIANON: FÉLICIE DE MARIVAUX,
LAS FLORES DEL ESTÍO, EL LIBRO DE CABECERA DE LA REINA
(De las diez a las once de la mañana).
La Reina había dormido en el Petit Trianon, aunque tradicionalmente los martes estaban reservados para las visitas diplomáticas, para las cuales ella debía estar presente en el Castillo. Aparentemente, sin embargo, no habría ninguna visita de los embajadores o bien la Reina no estaría obligada a recibirlos… Debía presentarme no sólo en Trianon sino en su dormitorio. Esperaba con impaciencia ese instante. Cuando ella se encontraba en su propio reino, esperaba captar su atención. Era evidente que se sentía más feliz en el Petit Trianon que en el Castillo. "



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