Preguntas a mi padre (fragmento)Eric Fottorino

Preguntas a mi padre (fragmento)

"No sabía casi nada de él, excepto que era mi padre.
Todo sucedió de forma muy simple. Él estuvo conforme: Sí, de acuerdo, si así lo quieres. Si esto te puede servir de ayuda. Acabó por señalarme que su vida era muy banal, que en su familia había gente mucho más interesante, más brillante. Me habló de un viejo tío que me podría contar cosas muy significativas, y también de una hermana de su padre que aún vivía, un poco enferma pero llena de recuerdos. Le hice entender que sólo él me interesaba. Él no se inmutó, pero yo sentí que en el fondo él no esperaba otra reacción de mi parte. Llegamos al aeropuerto. Tomé mi equipaje. Él se instaló al volante sin ayuda, con su bastón en la mano.
De pronto sentí un inmenso vacío. No iba a dejarlo así como todos los demás. Tenía que encontrar algo rápido. La idea me llegó instantáneamente. Le propuse escribirle un correo electrónico. No esperaba largas respuestas. Únicamente unas pocas líneas cuando él quisiera. “Sobre todo que no te resulte fatigoso”-insistí.
Nos separamos tras estas palabras.
Tuve la impresión de que su rostro me parecía menos anguloso, más vivo que ayer.
De vuelta a casa por la noche, me precipité sobre el ordenador y le pregunté a Maurice lo que significaba para él ser judío.
A la mañana siguiente me envió estas cinco palabras: “Ser judío es tener miedo”
Así empezó todo. Era necesario llegar al fondo de ese temor.
Yo había sentido a menudo la misma sensación. Por tanto no se lo planteé a Maurice… Quiero decir que él no me lo preguntó a mí. ¿Era el hijo de un judío o un hijo sin padre?
Una idea atravesó mi espíritu.
Pensé que cada una de mis preguntas lo mantendrían con vida. Era una tontería, pero no podía desembarazarme de esta idea. Siempre y cuando tuviera cosas que preguntarle –y yo tenía tantas- Maurice no moriría. Él no podía morir. Yo quería creer en el poder de las historias. En el poder de las palabras contra la muerte. Me gustaba mucho esta idea. Me sentí como un niño que jura en secreto permanecer inmortal. Recordé un suceso extraño que me contó mi amigo Erik. La ley fundamental. Los hombres mueren en el corto plazo que termina un largo procedimiento. Debo hacer que todo esto dure. El procedimiento es el esqueleto, el corazón que late en la caja torácica. Debo prolongarlo el mayor tiempo posible. Debo proceder. Debo preguntar con precisión, tratar de aclararlo todo. Seré el testaferro de nuestros silencios en estas conversaciones interminables. El despertar de nuestra historia, su revelación, será su seguro de vida.
Estaba decidido a alargar el tiempo. Tenía una segunda cuestión. Luego otra y otras más. Las mil y una noches. Es lo que deseaba lograr. "



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