La verdad sobre el caso Harry Quebert (fragmento)Joël Dicker

La verdad sobre el caso Harry Quebert (fragmento)

"Domingo 31 de agosto de 1975.
Una lluvia gélida caía sobre la región, invadida por una espesa bruma llegada del océano. A las cinco de la mañana, en las cercanías de la casa de Deborah Cooper, bajo una inmensa carpa desplegada a toda prisa, el jefe Pratt y el capitán Rodik daban consignas a los primeros grupos de policías y voluntarios. Habían dividido el bosque en sectores con la ayuda de un mapa y cada sector había sido asignado a un equipo. Esperaban que esa mañana llegaran refuerzos con perros adiestrados y guardias forestales que permitiesen ampliar la búsqueda y organizar relevos entre los equipos. El helicóptero había sido descartado por el momento, por culpa de la mala visibilidad.
A las siete, en la habitación 8 del Sea Side Motel, Harry se despertó sobresaltado. Había dormido completamente vestido. En la radio, encendida aún, sonaba un boletín informativo: … Alerta general en la región de Aurora tras la desaparición de una adolescente de quince años, Nola Kellergan, ayer tarde, sobre las diecinueve horas. La policía busca a toda persona susceptible de aportar información… En el momento de su desaparición, Nola Kellergan llevaba un vestido rojo…
¡Nola! Se habían dormido y habían olvidado marcharse. Saltó fuera de la cama y la llamó. Durante una fracción de segundo, creyó que estaba en la habitación con él. Después recordó que no se había presentado a la cita. ¿Por qué le había abandonado? ¿Por qué no estaba allí? La radio mencionaba su desaparición, así que había huido de su casa como acordaron. Pero ¿por qué sin él? ¿Habría tenido algún contratiempo? ¿Habría ido a refugiarse en Goose Cove? Su fuga se estaba convirtiendo en catástrofe.
Sin darse cuenta todavía de la gravedad de la situación, tiró las flores y abandonó precipitadamente la habitación, sin gastar tiempo siquiera en peinarse o anudarse la corbata. Metió las maletas en el coche y arrancó precipitadamente para volver a Goose Cove. Cuando llevaba recorridas apenas dos millas, llegó a un imponente control policial. El jefe Gareth Pratt había venido a inspeccionar la marcha del dispositivo, con un fusil de repetición en la mano. Todos estaban muy nerviosos. Reconoció el coche de Harry en la fila de vehículos detenidos y se acercó. "



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