La camarera del Titanic (fragmento)Didier Decoin

La camarera del Titanic (fragmento)

"Más lejos, Horty se encontró con un hombre anuncio. El tablero que colgaba de sus hombros anunciaba en varios idiomas que, con ocasión del viaje inaugural del Titanic, la cervecería Roi sans Femme ofrecía a elección un premio de media libra esterlina o una porción de welsh rarebit a todo aquel que adivinara cuántos ojos de buey y ventanas tenía el transatlántico.—¿Dos mil? —insinuó Horty al azar. Era la respuesta exacta. Optó por ir a comer un welsh rarebit en el Roi sans Femme. Bebió gran cantidad de cerveza y de ginebra y luego subió a bordo del pequeño vapor que debía llevarlo de regreso a Francia. Durante toda la travesía de La Mancha, y a pesar de que comenzó a hacer bastante frío, la mayor parte del pasaje permaneció en el puente, tratando de escudriñar en el horizonte la humareda del Titanic, que había partido dos horas antes. No se veían sino algunas botellas de champaña flotando a la deriva. Medio llenas de agua de mar, flotaban hundidas hasta la mitad de la etiqueta. El paquebote de Southampton rectificó su rumbo varios grados. Aquellas botellas resultaban un verdadero peligro para las aspas de las ruedas.—En este momento, deben de estar a punto de comer —dijo alguien—. Según mis informaciones, el menú de esta noche consistirá en consomé Olga, salmón con pepinos, filet mignon a la Lili, arroz a la criolla, y otros platos que ya no recuerdo. Lo único que sé es que ninguna persona normal podría comerse el menú completo. Entonces discutieron acerca de si el menú que se ofrecía a bordo de los transatlánticos era «a la carta» o si, como en un banquete chino, se servía de todo, pero en pequeñas cantidades. No había viento. El mar estaba lechoso y plano. A las ocho y media de la noche, el vapor pasó por el vigía del Homet. La rada de Cherburgo estaba desierta. Pero aún flotaba un penetrante olor a carbón; hacía apenas algo más de un cuarto de hora que el Titanic había zarpado para Irlanda. Desde el fuerte del Roule aún se podría distinguir en la lejanía, máxime cuando debía de estar ya iluminado, aunque todavía no hubiese anochecido por completo.
El tren avanzó toda la noche a través de un paisaje aún agitado por el comienzo de una primavera que más parecía batirse en retirada. Al amanecer, atravesaron campos blancos de escarcha. El vagón era un témpano. Horty se dijo que Marie aún debía de estar durmiendo, con una temperatura agradable. Ella le había dicho que el Titanic estaba tan bien climatizado que durante todo el año había plantas vivas en sus miradores que daban al océano. Quiso recrear el rostro de la joven, pero no logró evocarlo con precisión. Su memoria sólo suscitaba un bosquejo de contornos pálidos y esfumados cuya única realidad era el gris de los ojos, aunque apareciese tal vez demasiado reluciente. Era, sin duda, porque no había tenido tiempo de abrazarla para contemplarla lo suficiente antes de separarse de ella. Dentro de unos días, le bastaría con ir al Tête d'Écaillé a buscar la foto que había tomado el chino para reencontrar el rostro de Marie. Decidió que dejaría pasar una o dos semanas antes de llevar esa foto a casa y decirle a Zoe que se trataba de un retrato abandonado que había encontrado en el puerto. "



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