Los diamantes de la guillotina (fragmento)Pierre Combescot

Los diamantes de la guillotina (fragmento)

"La mascarada se ha preparado cuidadosamente. La Leguay no será puesta al corriente acerca de su papel más que en el último momento, pues se trata de un acto improvisado y sin consecuencias, una broma que la Reina le gasta una noche de verano a un gran señor.
El escenario ha sido objeto de largas discusiones. Réteaux de Villette era partidario del bosquecillo de los Baños de Apolo.
«Demasiado alejado del castillo —le había replicado Jeanne—. Sería más juicioso quedarnos en el bosquecillo de la Reina que, al pie de los cien escalones, permite una huida más fácil hacia las terrazas donde siempre hay, incluso a esta hora tan tardía, mirones que vienen a disfrutar del fresco.
El conde de La Motte, que no tiene ideas propias, ha acatado como siempre la decisión de su mujer.
El bosquecillo de la Reina es fruto de un capricho de María Antonieta. Cuando era Delfina, no comprendía por qué no podía tener su bosquecillo habiendo uno dedicado al Delfín.
A principios de su reinado, Luis XVI se impone el deber de restaurar el parque, replantando más de la mitad de los árboles centenarios, pues muchos de ellos han muerto o bien han sido derribados por las tormentas. Recupera el trazado exacto de los planos de Le Nôtre. A la Reina le gustaría plantar árboles exóticos y crear un cierto desorden un poco al estilo de los jardines ingleses, pero el Rey no cede a esta moda. El parque recuperará su estado original. Se vuelven a colocar los emparrados y las cercas de cada bosquecillo. Algunos de ellos, sin embargo, son sustituidos por cuadrados de cinco árboles, uno en cada esquina y uno en el centro, como en el de la Girándula. Finalmente, el famoso Laberinto se encuentra en un estado tan lamentable que el Rey accede a su eliminación. Las esculturas de plomo antaño polícromo que remataban las cascadas y las fuentes y que representaban a los animales de las Fábulas de La Fontaine son retiradas, al igual que lo que queda de los emparrados. Se limpia todo. De esta manera, la Reina podrá tener su bosquecillo a la inglesa con sus tuliperos y otros árboles de las «Islas». Suelen llamarlo el bosquecillo de Venus, por la simple razón de que siempre ha tenido una cierta fama galante. Sombrío y mal cuidado desde los tiempos en que sólo era el Laberinto, propiciaba las citas amorosas. Entre los matorrales no se oían más que suspiros y frufrús de seda. Una se arremangaba rápidamente, levantándose la falda por encima de la cabeza y, una vez echado el polvillo, recuperaba su aire de duquesa cubriéndose con el arrogante abanico un escote todavía palpitante; en cuanto al paje o al joven dragón, volvía a subir a la terraza silbando como si tal cosa. Los pobres diablos no estaban excluidos de aquellas saturnales nocturnas y cada cual pecaba a su gusto. "



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