Tierra y cenizas (fragmento)Atiq Rahimi

Tierra y cenizas (fragmento)

"Los dos os quedáis callados. Ambos sabéis que de nada sirven tantas preguntas y respuestas. Sin embargo, Yasín continúa:
—Seguro que han pasado. El abacero no tiene voz, el guarda no tiene voz... Abuelo, ¿los rusos están aquí para quedarse con la voz de todo el mundo? ¿Qué hacen con ellas?
¿Por qué dejaste que se llevaran tu voz? ¿Te habrían matado si no? La yaya murió por no dársela... Si estuviera aquí, me contaría el cuento de Baba Jarkash, el viejo vendedor de zarzas. No, si estuviera aquí, no tendría voz...
Se calla un instante y luego prosigue:
—Abuelo, ¿yo tengo voz?
Respondes a pesar tuyo.
-¡Sí!
Repite su pregunta. Lo miras y le haces un gesto afirmativo con la cabeza. El niño guarda silencio de nuevo y, a continuación, pregunta:
—Pero, entonces, ¿cómo es que estoy vivo?
Esconde la cabeza bajo tu chaqueta, como si quisiera pegar su oreja contra tu pecho para oír algún sonido procedente de tu interior. No oye nada. Cierra los ojos. En su propio cuerpo todo es sonoro. Con toda seguridad. Si por lo menos pudieras entrar dentro de él y contarle el cuento de Baba Jarkash...
La voz temblorosa de tu mujer resuena en tus oídos:
—Érase una vez un viejo que vendía zarzas...
Te ves desnudo sobre un azufaifo frondoso. Has subido a sacudir las ramas para Yasín. Al pie del árbol, Yasín recoge las azufaifas. Sin querer, te pones a orinar. Yasín se aleja del árbol llorando y va a sentarse al pie de otro árbol. Vacía el hatillo de manzanas y mete las azufaifas. Anuda la tela. Cava la tierra con sus manitas y, a ras del suelo, descubre una puerta cerrada con un grueso candado. Lo abre con ayuda de un hueso de azufaifa y se mete bajo tierra. Gritas:
—Yasín, ¿a dónde vas? ¡Espérame, que ya baje!
Yasín no oye nada. Entra y la puerta se cierra tras él. Tú intentas bajar del árbol, pero no para de crecer. Caes sin llegar nunca al suelo.
Tus ojos se entreabren. El corazón te martillea el pecho. Yasín sigue acurrucado tranquilamente contra ti. Mirza Qadir y el guarda charlan al lado de la caseta. Te esfuerzas para abrir los ojos al máximo. No quieres adormilarte, no quieres soñar más. Pero tus párpados son tan pesados, que acabas cediendo, impotente. "



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