Los Baldrich (fragmento)Use Lahoz

Los Baldrich (fragmento)

"Te escribo desde El Tigre. He venido solo a pasear. Acá recién empieza a ser palpable la llegada de la primavera; y la visión, el olor y el murmullo del río han hecho viajar a mi memoria. Hoy, 23 de septiembre, vigilia del día de la Mercé, cuando sin duda estarás de fiesta, apurando los últimos estertores de tu verano, que aborda tu país y el mío.
No sé cómo empezar. Después de casi dos años sin escribirte una sola línea, y después de casi dos años de esperar una respuesta, no sé por dónde comenzar. Pero tengo que hacerlo y seré franco, asquerosa palabra que tacho, perdón, quiero decir que seré directo, claro: Andrea y yo nos hemos separado. Toda una vida conjunta de pronto se derrumba. Nicolás y Martín decidieron quedarse con ella. Al vernos por última vez me habló de «desgaste», y cuando le pregunté si había otra persona fue tajante, me dijo «sí» y me dejó sin opción a más preguntas. No pude preguntar, o no quise. ¿Para qué?
Estoy solo, angustiado, en un país en manos de una dictadura militar que no sabe adónde va y que no entiendo y me carcome. Como te dije, el general Onganía tomó el poder y así seguirán. Cualquier presidente apoyado por el Ejército será aceptado. Estoy solo y sufro dos dictaduras, la de mi conciencia y la de los milicos. Debo convivir con ellas. Yo, que siempre creía aquel verso de Machado que decía «Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas», pienso que no volveré a sentirlo nunca. Esta guerra perpetua conmigo mismo me devuelve lo perdido cada vez que despierto.
Tampoco sé muy bien por qué te cuento todo esto. Pero sé que entenderás, a pesar de que tu felicidad sea grande, y tu vida un orden lleno de entusiasmo al calor de tus hijos y del amor de mi primo, que en momentos como éste las personas sentimos nostalgia, quizás idealizamos situaciones o nos inventamos lo que no puede suceder, soñamos despiertos para salvarnos, es la necesidad la que levanta las quimeras, como yo levanto edificios, pues igual, ahora levanto y proyecto realidades inventadas, medidas, graduadas por la mala letra del alma agarrotada que quiere pero no puede aprender a olvidar. Es durante este periodo cuando he aprendido que el silencio pesa, que se puede escuchar y que tiene vida propia.
Me llegan noticias de España, y sufro al saber de un país que sigue en manos de otro militar, espero que todo el revuelo que ha levantado Francia deje un poso de conciencia en el país de abajo.
A pesar de todo continúo trabajando, de vez en cuando puedo ver a mis hijos; entonces, cuando los veo y se van, siento un desprendimiento que no deseo a nadie. Siempre me tengo que desprender de lo que amo. Y a cierta edad uno se cansa. Te confieso, además, que hoy, por primera vez en mucho tiempo, he pensado que un día volveré. "



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