La quinta esquina (fragmento)Izrail Metter

La quinta esquina (fragmento)

"La clínica se encontraba en un ala amarilla de un solo piso, frente a un jardín. Los pacientes aquejados de diversos desórdenes mentales permanecían un largo tiempo. Amables y corteses, vagaban por el jardín sin vigilancia alguna, llegando a acercarse en ocasiones a nuestra casa, siendo en primera instancia rechazados a pesar de su persistencia, aunque ni a mí ni a mis colegas nos daba la sensación de que fueran orates. Los intereses de los adultos a menudo se distancian de la etapa infantil, de modo que yo no era del todo consciente de las desviaciones de la norma que afectaban a estas personas. Llegaban hasta el sótano y mi madre les obsequiaba con té con sacarina. Permanecían sentados, recogiendo ceremoniosamente las piernas rechonchas, enfundadas en los pantalones. Quizás parecieran delirios de grandeza, pero yo no me apercibía de ello. Obviamente, lo oneroso de esta grandeza ajena no requería de una prueba externa. En este sentido podría decirse que una locura delicada difería del menoscabamiento del raciocinio en la gente ordinaria. A veces recibía cariñosamente palmaditas en la cabeza, mientras discurseaban como si estuvieran ante la Asamblea Constituyente. Probablemente, cada época surte su propia locura. El cerebro enfermo es, al fin y al cabo, un fiel reflejo de la realidad. El hombre enloquece en medio de los afanes de cada día. "


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