Los optimistas (fragmento)Andrew Miller

Los optimistas (fragmento)

"Aprendió a evitar el canal. El agua era demasiado pausada y turbia: sentía aprensión con respecto a lo que pudiera surgir de ella. No requeriría mucho tiempo averiguarlo. Una bolsa de plástico arrugada en forma de rostro. Un trozo de madera confundido con una mano.
Comía dondequiera que encontrara un lugar cercano adecuado para ello. Un lugar portugués en The Grove, un café turco en Notting Hill, un cuscús en un restaurante en Golborne Road. Comía, pagaba y hablaba con algún camarero. Cada tarde acudía a un quiosco para echar un vistazo a las primeras páginas de los periódicos. En el tiempo anterior –era como el pensamiento de su vida antes de la iglesia en N-, “el tiempo anterior”, había llegado a leer dos, y algunas veces, tres periódicos al día, valorando el sentido de lo que estaba pasando en el mundo y lo que sabía que podría suceder. Al regresar a las noticias se dio cuenta de que no le persuadían como solían hacerlo, no porque imaginara que podrían ser fruto de la invención, sino porque el mundo que describían ya no podía asociarlo con la imagen que él mismo tenía en su cabeza, un lugar sobre el que era difícil decir algo racional. Ahora miraba sólo para ver si había alguna historia sobre África, acerca de las consecuencias de la muerte y la desgracia. Si había alguna, trataba de encontrar alguna mención del burgomaestre, pero se sentía más aliviado que decepcionado cuando no encontraba nada. No se sentía preparado todavía para algo como la Silvestre Ruzindana. Aún debería recorrer un largo camino para estarlo.
Se convirtió en una de esas personas que acude al cine a mitad del día. Tenía en mente una película, alguna que incluyera unas pocas canciones y un final trivial. La película proyectada era Desayuno en Tiffany´s, así que fue a verla y se sentó entre los pensionistas y desempleados, conteniéndose hasta que Audrey Hepburn rasgó las cuerdas de su pequeña guitarra y empezó a cantar la melodía Moon River con una voz delicada, hermosa y penetrante. Corrió a trompicones a casa, cautivado por el ensueño, sorprendido de sí mismo. Tuvo más suerte con Notting Hill. Una comedia americana que le recordaba a Happy Days. La vio tres veces seguidas durante tres tardes consecutivas. No había nada en la película que fuera digno de atención o se prestara a ser admirado. "



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