Los elegidos (fragmento)Chaim Potok

Los elegidos (fragmento)

"Durante el primer mes de aquel verano, Danny y yo pasamos juntos casi todos los días. Fue un mes caluroso y húmedo, con un abrasador sol estival que hacía las calles insoportables y reblandecía el asfalto. Manya se pasaba la vida murmurando de los pegotes negros adquiridos a mis zapatos y zapatillas de lona, que ensuciaban el pavimento del apartamento.
Danny pasaba las mañanas estudiando el Talmud, bien solo o con su padre, mientras que yo me dedicaba los lunes, miércoles y viernes por la mañana a jugar a la pelota con mis amigos de la yeshiva, ninguno de los cuales parecía en absoluto molesto a causa de mi amistad con Danny –se limitaban a aceptarla y a no hablar de ella-, y los domingos, martes y jueves por la mañana estudiaba el Talmud con mi padre, bien en nuestro porche si hacía un día agradable o, de lo contrario, en su estudio. Mi padre y yo estudiábamos Sanhedrin lentamente, con paciencia, de manera exhaustiva, sin dejar un solo pasaje hasta que mi padre quedaba convencido de que, al menos por el momento, lo comprendíamos de manera absoluta. Con frecuencia, sólo nos era posible estudiar diez líneas cada vez. Por otra parte, Danny vio aumentada por su padre su cuota diaria de Talmud en tres hojas más. No pareció afectarle demasiado. Todavía era capaz de pasar todas las tardes en el piso tercero de la biblioteca leyendo. Allí me reunía con él todas las tardes y con frecuencia iba también mi padre conmigo. Estaba escribiendo otro artículo sobre un pasaje de Avodá Zará que, según dijo, tan sólo entonces empezaba a comprender y necesitaba una de las colecciones de la revista. "



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