Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (fragmento)Emmanuel Carrère

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (fragmento)

"De San Rafael viajó en automóvil hasta Inverness, donde se encontraba la iglesia que frecuentaba Maren Hackett. Era una graciosa construcción de madera situada a la orilla de un fiordo, que, aunque estuviera destinada al rito católico, evocaba como Maren imágenes de severa quietud nórdica. Entró y pidió confesarse. El cura le pareció menos obtuso que el psiquiatra: al menos lo escuchaba. Varias veces se le crispó dolorosamente el rostro, como si entendiera. Parecía un viejo cazador que en el pasado se hubiera enfrentado a un lobo monstruoso y del cual creía haber liberado al mundo, hasta el día en que el relato de un chico asustado le había demostrado que el adversario había vuelto y que habría que librar batalla una vez más. Al terminar la confesión, dijo sin rodeos: "Usted ha encontrado a Satán".
Aquel diagnóstico reconfortó a Dick: la Iglesia lo tomaba en serio, conocía el problema. Pero se conformaba con poco, negándose a admitir que hubiese encontrado al mismísimo Dios, que aquella pesadilla fuera Dios y no un subalterno maléfico. Al fin y al cabo, ¿era el mundo tan perfecto como para atribuirle el mérito de su creación a una divinidad benéfica? la hipótesis, al ser formulada, acrecentó la pena del cura, aunque no le sorprendió. Parecía como si nada pudiera asombrarlo. Hasta el más violento de los blasfemadores le hubiese hecho mover tristemente la cabeza, como un síntoma alarmante aunque banal a un médico experto. Era irritante, pero a la vez reconfortante. Phil ya no estaba solo frente al rostro de metal que abarcaba todo el cielo. Otros, sin haberlo visto, sabían que existía y rezarían con él, por él.
Cuando le anunció su intención de convertirse al catolicismo, la reacción de Anne lo sorprendió. Kleo se hubiese echado a reír, y con ella todo Berkeley; él también se hubiese reído unos meses antes. Pero Anne estaba conmovida. Lo abrazó. Le murmuró que ella y las niñas también se harían bautizar con él. El sufrimiento atenúa el sentido del ridículo, acerca a Dios: para eso sirve, según los cristianos. Dick comprendió que para Anne esta conversión era la última tentativa de salvar su matrimonio o soportar su naufragio. Se prometió no ofrecer resistencia. "



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