Viaje al Mekong (fragmento)Javier Nart

Viaje al Mekong (fragmento)

"Para comprender la Camboya de hoy es necesario conocer la espeluznante tragedia que se abatió sobre el pueblo camboyano cuando el 17 de abril de 1975 la guerrilla comunista de Pol Pot entró victoriosa en Phnom Penh, en aplicación directa e implacable del pensamiento de su venerado ideólogo Mao Tse Tung: el poder surge de la boca del cañón.
Jamás he terminado de asimilar que las recetas de la revolución social coincidan tan estrictamente entre la izquierda marxista y la derecha radical fascista: la fuerza como la última-única ratio.
(...)
La filosofía, si así puede llamarse a la basura criminal del mensaje polpotiano era elemental: Camboya era en esencia un país de campesinos. Las raíces y esencias de sus glorias pretéritas se fundamentaban en su autosuficiencia, en la capacidad de generar y vivir de su propia riqueza. Así habían nacido y prosperado las grandes civilizaciones que en el pasado otorgaron al pueblo khmer la hegemonía en la península indochina. La colonización (...) había corrompido cultural y racialmente las virtudes intrínsecas de la noble especie. (...)
La conclusión para Saloth Sar (verdadero nombre de Pol Pot) y su grupo de alucinados era evidente: el renacimiento del alma camboyana únicamente podía pasar por un desarrollo autónomo, propio y autosuficiente que depurara las nefastas influencias extranjeras.
Influencias que radicaban en las capitales, (...) parásitos consumidores de los esfuerzos de los campesinos, únicos creadores de la riqueza nacional y depositarios residuales de las virtudes eternas de la patria.
Así se entiende el brutal vaciado de las ciudades (...)
Los campesinos analfabetos, primarios, se convirtieron en los dueños y señores de vidas y haciendas de quienes habían sido hasta ese momento sus dominadores: las élites ciudadanas.
Y llevando este discurso hasta sus últimas consecuencias, los jóvenes, se configuraron en el motor esencial del cambio nacional al ser ellos los menos afectados por la caduca civilización que ya había contaminado a sus propios padres.
El trastocamiento de valores fue radical: adolescentes, niños, analfabetos e incultos constituyeron la vanguardia dura, el núcleo de ejecución de la megalomanía polpotiana. Los mayores, incluso sus padres, les eran subordinados.
(...)
Un sistema demencial en el que el secretismo, el afán conspiratorio fue referente continuado.
Se tardó más de un año en conocer su primera imagen, el rostro de Pol Pot. El propio Partido Comunista de Kampuchea (PCK) no tenía tal nombre sino el genérico y abstruso de Angkar (la organización).
La vida social, la vida familiar se aniquiló.
Todos, todo, pertenecía al Angkar que, a modo de implacable y absoluto "gran hermano" orwelliano, vigilaba, conocía, decidía. Asesinaba.
Se vivía y se trabajaba no en comunidad sino en régimen de campo de concentración bajo la autoridad absoluta, impune, de criaturas de doce, trece años con poder y decisión sobre la vida y la muerte. "



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