Tú, el inmortal (fragmento)Roger Zelazny

Tú, el inmortal (fragmento)

"Abandonamos el Lugar Caliente tan de prisa como pudimos, evitando atravesar el pueblo y prosiguiendo hacia el norte hasta llegar a un camino que reconocí como el de Volos. Si Bortán había hallado al sátiro y de alguna manera le había convencido para que viniese a rescatamos, o si el propio sátiro nos había descubierto por sí mismo y me recordaba, es algo que nunca supe con certeza. Al no haber regresado Bortán, me inclinaba más bien por la segunda hipótesis.
La ciudad amiga más próxima era Volos, a unos veinticinco kilómetros al este. Tal vez Bortán se había dirigido allí, donde podían reconocerlo muchos de mis parientes. En tal caso, tardaría bastante en regresar. Mi decisión de enviarlo a buscar ayuda fue un recurso extremo. Si en lugar de tirar hacia Volos había ido a alguna otra parte, entonces sí que era imposible saber cuándo volvería. Pero eso no me preocupaba. Encontraría mi rastro de nuevo y lo seguiría hasta dar conmigo.
Continuamos pues hacia adelante, alejándonos a toda prisa de aquel peligroso territorio.
Al cabo de unos diez kilómetros, andábamos ya haciendo eses. Se imponía un descanso, por lo que ambos empezamos a mirar a nuestro alrededor en busca de un sitio que nos ofreciera suficiente seguridad para echar una cabezada.
Finalmente reconocí a cierta distancia una colina empinada y rocosa, donde a menudo había acudido de muchacho con el rebaño de ovejas. La covacha que servía de refugio a los pastores, a unos tres cuartos del camino hacia la cumbre, estaba seca y vacía. Su antigua puerta de madera aparecía ya muy deteriorada y medio podrida, pero aún funcionaba.
Improvisamos en el suelo un lecho de hierbas, aseguramos la puerta como pudimos, y nos extendimos allí. Un momento después, Hasán roncaba. Mi mente divagó unos segundos antes de rendirse al cansancio, y en ese brevísimo tiempo me convencí de que entre todos los placeres del mundo -un vaso de agua fresca cuando se tiene sed, el alcohol, el sexo, un cigarrillo tras muchos días de abstinencia- no hay ninguno que pueda compararse al sueño.
Nada mejor que el sueño...
Podría decir que, si nuestro grupo hubiera escogido el camino más largo para ir de Lamia a Volos, el de la costa, tal vez nada de todo esto habría sucedido y Phil estaría ahora vivo. Pero en realidad no me es posible juzgar los hechos objetivamente. Aun en el momento actual, mirando hacia atrás, no me atrevo a decir cómo volvería a disponer las cosas de tener que comenzarlo todo otra vez. Las fuerzas de la destrucción definitiva avanzaban ya a paso de ganso entre las ruinas, con los brazos en alto...
Llegamos a Volos a la tarde del día siguiente, y de allí nos dirigimos a Portaria cruzando el monte Pelion. Al otro lado de un profundo barranco se extendía Makrynitsa.
Lo atravesamos y encontramos a los demás.
Phil los había guiado hasta mi aldea. Una vez allí, pidió una botella de vino y su ejemplar de Prometeo liberado. Todos le vieron sentado y enfrascado en la lectura del libro hasta muy entrada la noche.
A la mañana, Diane lo encontró sonriente... y frío.
Construí una pira entre los cedros que crecían junto a los ruinosos Episcopí, porque nunca quiso que lo enterraran. La cubrí de incienso y hierbas aromáticas hasta que alcanzó dos veces la altura de un hombre. Aquella noche ardería todo con el cadáver y yo diría adiós a otro amigo. Mi vida, cada vez que me detengo a contemplar el pasado, parece no haber sido más que una serie de llegadas y partidas. Un continuo decir «hola» y «adiós». Sólo la Tierra resiste. "



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