La noche salvaje (fragmento)Mohammed Dib

La noche salvaje (fragmento)

"Finalmente, desmoronado, preguntó: ¿Cómo pudiste haberte casado con ese hombre, madre?
La pregunta dejó estupefacta a Madame Weiser, cuya radiante belleza desafiaba los saludables montículos de carne rosada que se habían adherido a su ser a la madura edad de cincuenta años y que habían sido hábilmente en el vestido de azul de Chanel, un color a juego con sus ojos y con su tez dorada.
¿Estás hablando de tu padre, David?
¡Mi padre, mi padre!
El sarcasmo con el que había pronunciado la palabra padre habría hecho que pudieras pensar que podría adoptar indefinidamente ese tono de voz irónico y mordaz. Pero no, no es lo que él hizo. Se detuvo justo en ese instante, atormentado y torturado por una ira muda.
A juzgar por la mirada que le dirigiera Madame Weiser, ésta no entendía de qué estaba hablando su hijo o adónde quería llegar.
¿Qué sucede, David?
El joven no respondió. Parecía que no tuviera nada más que decir. Permanecieron así, mirándose en silencio.
Madame Weiser lentamente fue consciente de este punto muerto. Le dedicó una gentil y maravillosa sonrisa, el tipo de sonrisa que una madre se permite usar en semejantes ocasiones, una sonrisa que no sólo iluminó su rostro sino que enalteció todo su cuerpo. Él se volvió, ceñudo, con la mirada triste. Entonces, como hacía cada vez que captaban su atención, Madame Weiser pensó, "¡Dios mío, qué ojos tan maravillosos".
Pero ahora ella no reconocía a su hijo -no reconocía ese rostro o esa expresión, obstinada, una expresión y unos rasgos inexpugnables. No pudo leer en sus ojos como ella solía hacer. "



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