Las pequeñas virtudes (fragmento)Natalia Ginzburg

Las pequeñas virtudes (fragmento)

"En Abruzos hay sólo dos estaciones: el verano y el invierno. La primavera es nevosa y ventosa como el invierno, y el otoño es caliente y límpido como el verano. El verano empieza en junio y termina en noviembre. Se van las largas jornadas de sol sobre las colinas bajas y quemadas, el polvo amarillo de la carretera y la disentería de los niños, y comienza el invierno. La gente, entonces, deja de vivir en las calles, desaparecen de las escalinatas de la iglesia los niños descalzos. En el pueblo del que hablo, casi todos los hombres se marchaban tras las últimas cosechas: se iban a trabajar a Terni, a Sulmona, a Roma. Era un pueblo de albañiles: algunas casas estaban construidas con gracia, tenían terrazas y columnitas como pequeñas villas, y sorprendía encontrar en ellas, al entrar, grandes cocinas oscuras con los jamones colgados y amplias alcobas pálidas y vacías. En las cocinas, el fuego estaba encendido, pero había varias clases de fuegos: grandes fuegos con leños de encina; fuegos de ramas y hojas; y fuegos de gamonitos recogidos uno a uno del suelo. Era fácil distinguir a los pobres y a los ricos mirando el fuego que encendían; más fácil que mirando las casas y a la gente, sus ropas y zapatos, que eran más o menos iguales todos.
Cuando llegué al pueblo del que hablo, al principio las caras me parecían iguales, todas las mujeres se parecían, ricas y pobres, jóvenes y viejas. Casi todas tenían la boca desdentada: allí las mujeres pierden los dientes a los treinta años a causa de las fatigas y la mala alimentación, del desgaste de los partos y de las lactancias, que se suceden sin tregua. "



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