Peregrinaje de Gualpo (fragmento)Esteban Echeverría

Peregrinaje de Gualpo (fragmento)

"El cielo se obscurece, los vientos se desatan los espacios arden fuego eléctrico; se cubren de relámpagos y arrojan mil rayos sobre la tierra, Mas cae la lluvia a torrentes, inunda los collados - brilla el iris sus mágicos colores en señal de la paz de los elementos, y la naturaleza vuelve en su acostumbrado reposo.- Pero Gualpo ve con dolor al lado de esta naturaleza tan hermosa y tan fecunda al hombre degradado hasta confundirse con los brutos salvajes. Parece que la mano omnipotente ha querido, en recompensa de un clima tan feliz, negarle al hombre aquella energía necesaria para conocer su dignidad y elevarse a ser libre. Parece que el patrimonio que al hombre se reserva en las zonas ardientes de Ecuador es la esclavitud y la ignominia. El Brasil gime bajo el azote de un déspota, y mientras que los otros pueblos de la América han sacudido sus cadenas, las arrastra con vergüenza y baldón del nuevo mundo. Mientras que en resto de la América los tronos se han derrocado y los monarcas perdido su omnipotencia e infalibilidad, en el Brasil domina orgulloso un cetro semejante al que abruma al viejo mundo, y aparece con una mancha en medio de las águilas republicanas, esta ave muelle y afeminada. Recordaos, brasileros, ya pasó el tiempo aciago en que los monarcas de la Europa después de haber devastado el nuevo mundo lo oprimieron inclemente bajo sus cetros. Ya se acabó el tiempo en que la voluntad de un rey sentado en los confines del hemisferio austral, dictaba órdenes a sus habitantes de otro hemisferio. LA prepotencia del León de España sobre la América cedió ya al golpe vigoroso del brazo argentino, y todo el continente oprimido entre sus garras, escuchando la voz que se levantó en las márgenes del Plata, fue libre. Recordaos, e imitando a vuestros hermanos del sur, derrocad ese trono, vestigio oscuro y degradante del viejo mundo y baldón del nuevo. Recordaos y sabiendo ser libres, mostrad al mundo que en América ya no hay ni puede haber más tronos y que la Europa ya perdió su preponderancia magistral sobre la tierra de Colón. Otro espectáculo más descollante llena de angustia el corazón de Gualpo. Ve aquí los miserables descendientes de África sirviendo de pábulo a la concupiscencia de los hombres. Ve aquí las víctimas desgraciadas del egoísmo y de la ambición del oro de los europeos. La humanidad ajada y una gran parte de nuestros semejantes tratada como bestias de carga. ¡África miserable, cuándo dejarás de ser la presa ignominiosa de la ignorancia y la estupidez! Parece que sobre tus habitantes ha caído la maldición del infierno y que cual precitos debéis sufrir todos los grados de ignominia. ¡Y tú, Europa, has sido tú, por ventura, encargada de cumplir la maldición de esta raza precita! ¿No basta ya a tu insaciable codicia de los millares de víctimas sacrificadas? Las guerras atroces encendidas de los centros del África a tu insinuación; los clamores de los padres a quienes arrancan con violencia de su seno los tiernos frutos de sus entrañas; los gritos penetrantes de la humanidad doliente; las víctimas sangrientas inmoladas en Haití a causa de vuestros furores; no os bastan, digo, o ¿aun queréis sacrificar nuevas víctimas y ver el mundo y el África envueltos en nuevas calamidades y miseria? Gualpo vuelve su vista de un espectáculo tan triste y de un suelo tan hermoso, pero que despierta sentimientos tan dolorosos; de un suelo donde respira esclavitud y la ignominia, y se entrega de nuevo y con regocijo a las inquietudes ondas. "


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