L.A. Confidential (fragmento)James Ellroy

L.A. Confidential (fragmento)

"Botellas: whisky, gin, brandy. Letreros centelleantes: Schlitz, Pabst Blue Ribbon. Marineros bebiendo cerveza fría, gentes felices aturdiéndose con bebida. El apartamento de Hudgens estaba a una calle. El alcohol le daría agallas. Lo sabía antes de seguir a Bud White. Ahora tenía mil razones más.
—Última ronda —gritó el barman. Jack terminó la soda, se apretó el vaso contra el cuello. Recordó el día. De nuevo.
Millard dice que Duke Cathcart estaba involucrado en un negocio para vender material porno.
Bud White visita a Lynn Bracken, una de las prostitutas semejantes a estrellas de cine. Se queda dentro dos horas; la prostituta lo acompaña al salir. Jack sigue a White a su casa, empieza a atar cabos: White conoce a Bracken, ella conoce a Pierce Patchett, él conoce a Hudgens. Sid sabe acerca del Malibu Rendezvous, Dudley Smith quizá sabe algo. La razón de Dudley para el seguimiento: White perturbado por el asesinato de una ramera.
Vibrantes anuncios de cerveza: monstruos de neón. Nudilleras en el coche, Sid podría ceder, entregarle el archivo.
Jack se acercó a la casa de Hudgens. Ninguna luz encendida, el Packard de Sid junto a la acera. La puerta: la nudillera como llamador.
Treinta segundos. Nada. Jack tanteó la puerta. No cedió. Forzó la jamba. La puerta se abrió.
Ese olor.
Cámara lenta: pañuelo afuera, arma en mano, codo contra la pared. El interruptor, sin dejar huellas. Interruptor abajo, luces encendidas.
Sid Hudgens descuartizado en el suelo: una alfombra empapada de negro, en el suelo un charco de sangre.
Brazos y piernas cercenadas, formando ángulos abruptos con el torso.
Abierto de la entrepierna al cuello, huesos blancos asomando en carne roja.
Muebles tumbados, carpetas arrojadas sobre un retazo limpio de la alfombra.
Jack se mordió los brazos para sofocar los gritos.
Ninguna huella sanguinolenta. El asesino debía de haber escapado por la puerta trasera. Hudgens desnudo, embadurnado con una pátina negra rojiza. Las extremidades separadas del torso, viscosidad en los tajos, ondas como en la tinta de los libros obscenos.
Jack se dio prisa. Rodeó la casa, recorrió la calzada. La puerta trasera: entornada, derramando luz. Adentro: un suelo lustroso. Ninguna huella, rastros borrados. Entró, halló sacos de comestibles bajo el fregadero. Avanzó temblando hacia el salón. Archivos: carpetas, carpetas, carpetas, una, dos, tres, cuatro, cinco sacos. Dos viajes hasta el coche.
Una tranquila calle de Los Ángeles a las dos y veinte; trató de calmarse. Miles de personas tenían motivos. Nadie sabía que había visto los libros pornográficos. Las mutilaciones se podían atribuir a un psicópata.
Tenía que encontrar su archivo.
Jack apagó las luces, serró la puerta delantera con las esposas: que pensaran que era un ladrón. Se marchó sin rumbo preciso.
Se hartó de conducir. "



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