Escritos de arte (fragmento)Juan Emar

Escritos de arte (fragmento)

"Yo te saludo z, ¡oh, poeta! En tus versos de divinidad hasta ahora no concebida, siento hervir, como en caldera simbólica, la profundidad del Dante, la claridad de los grandes griegos, la psicología de Shakespeare, la dulce dulzura de Alfred de Musset, la tragedia de Edgar Poe, el misterio de Rimbaud y todo ello fundido en estrofas dignas de don Ramón de Campoamor!".
No. Verdaderamente sería exigirme un heroísmo sin precedentes, si me pidieran seguir semejantes estudios.
Por otro lado, un admirador de lo bonito al alcance de las damas aburridas, me escribe en un artículo, las impresiones, confitadas que sintió al ver a w., músico estupendo:
"Era de noche. Pasó junto a un rayo de luna, y el rayo de luna, como avecilla sensible, se posó en su oído izquierdo. Entonces le vi. Le miré. Era bajo, pero bien hecho. Hace un movimiento brusco, tal vez porque su tímpano delicado sintió el escozor del rayo de luna. Entonces vi que tenía los ojos verdes. Iba solo, taciturno, mas a veces adquiría una postura gallarda y altiva, acaso para evitar los guijarros del camino. Con agilidad entonces el célebre maestro -gloria de nuestro continente- yergue la mirada ante cada cual y su mirada se transforma en el mirar del artista, rápido y profundo, ese mirar que descubre en un instante lo genial de cada cosa. Y los raudales creadores y afiebrados. De pronto el maestro se ha detenido. Yo me estremezco, pero comprendo. Un pibe zarrapastroso va por las calles silbando. ¿Qué silba? Pues silba a uno de los hijos de su musa colosal, un hijo suyo, que va ahora, de noche, con el pibe. ¡Oh momento! ¡Oh suerte mía el haber coincidido con el maestro, la luna y el pibe!".
Un señor respetable le dijo a un pintor que no debería poner en sus naturalezas muertas, cacharros vacíos; que debería colocarles algunas flores, pues las flores eran, en esta existencia, nuestras más desinteresadas compañeras...
¿Quién, después de estos pocos ejemplos, puede solicitarme interés para gente que me recibe de este modo?
En todas las demás actividades humanas veo un afán de buscar la realidad y de interpretarla francamente y con hombría. Tengo que quedar recelosos ante una actividad que se trata a base de suspiros con merengues o de apocalipsis en corriente de aire.
Y uno sabe el trabajo penoso de los artistas, trabajo terre-a-terre de rebuscas, trabajo rudo que compromete la tranquilidad de una vida entera. ¿Por qué encomendar entonces a esa falsa e inflada literatura el rol de portavoz artístico? ¿Por qué los artistas no "paran en seco" a sus peores enemigos, esos amateurs proclamadores de genios universales cada diez minutos, y gustadores del alfeñique de las artes?
No lo comprendo. "



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