Reunión de amigas (fragmento)Luis del Val

Reunión de amigas (fragmento)

"Fueron cinco las oportunidades, y a partir de la tercera, tuvieron lugar fuera del despacho. En el tercer encuentro, Marta mintió diciendo que estaba en las afueras de Madrid, e insinuó la posibilidad de un almuerzo. El hombre de la voz ronca se quedó bloqueado porque tenía un compromiso, pero lo resolvió con diligencia y comieron juntos. En la cuarta ocasión, él eligió un restaurante de la carretera de Burgos, bastante alejado de la capital. A Marta le pareció un detalle que facilitaba sus planes, una evidencia de que él ya consideraba los encuentros como algo clandestino. Y en esa oportunidad, Marta se mostró locuaz sobre ella misma, incluso aprovechó para establecer un principio de confesiones, o de confidencias de tipo íntimo, que ella iba desgranando con un inteligente sentido de la intriga.
—La verdad es que yo parezco a primera vista muy lanzada y, en el fondo, sigo siendo una chica de las teresianas.
—No es esa la impresión que me parece que proyectas a los demás —comentó él tras haber reflexionado sobre si debía añadir algo al respecto.
—Ya lo sé, ya lo sé, y eso me fastidia. Los hombres, en cambio, parecéis como hechos a troquel, y sin embargo cada uno es un mundo. Mi novio, por ejemplo... ¿A ti te cae bien mi novio? —concluye brusca y repentinamente.
—Sí, sí, claro. Es muy serio. Y dicen que muy bueno en su trabajo.
—Bueno, pues será muy serio, pero poco después de conocernos... Bueno, no debería estar contándote estas cosas a ti. No sé. Aunque, claro, nosotros somos amigos.
—Sí. Somos amigos desde hace mucho tiempo —añade el hombre que se ha quedado intrigado con el principio de la confesión.
Marta se queda un momento callada, como si se hallara ante un grave dilema moral, y luego se decide: —Es una tontería, y sirve para reforzar lo que te estaba comentando. Yo, por ejemplo, parece que me voy a ir con cualquiera... No, no, no hagas aspavientos, que algunos y, sobre todo, algunas, lo piensan. Y no es así. Mi novio, en cambio, tan modosito, tan serio, como acabas de decir, pues... a veces tiene unas ideas que, vamos...
Y se queda callada.
—¿Qué clase de ideas? —interroga el hombre que parece un niño al que le están prometiendo un caramelo y no se lo acaban de dar. "



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