La guerra civil española (fragmento)Hugh Thomas

La guerra civil española (fragmento)

"El batallón había llevado el nombre de su jefe, un ex-oficial prusiano, Hans Kahle, que ahora era comunista, pero este nombre había sido cambiado por el de batallón «Edgar André», en honor de un comunista alemán de origen belga que se llamaba así y había sido decapitado por los nazis el 4 de noviembre. En segundo lugar iba el batallón «Comuna de París», compuesto de franceses y belgas, a las órdenes del coronel Jules Dumont, ex-oficial del ejército francés pero comunista desde hacía mucho tiempo, que había estado en Abisinia y era conocido por sus conferencias sobre este tema. Fierre Rébiére era el comisario. El tercer batallón era el batallón Dombrowsky, dirigido por un polaco, Boleslav Ulanovski, compuesto principalmente por mineros polacos socialistas o comunistas residentes en Francia y Bélgica desde hacía poco tiempo. En estos tres grupos se hallaban supervivientes de los alemanes, franceses y polacos que habían combatido en Aragón y en el valle del Tajo. Toda la brigada (llamada la 11ª Brigada, porque, para entonces, en el ejército republicano se habían formado otras diez nuevas «brigadas mixtas») estaba al mando del húngaro Kleber, Habían llegado a Madrid después de ser aclamados en los pueblos de La Mancha por campesinos que gritaban «¡No pasarán!» y «¡Salud!», a lo que los miembros de la brigada respondían gritando «Rot front!» y «Les soviets partout!». Aquellos hombres, aparentemente disciplinados, con sus uniformes de pana y sus cascos de acero, seguidos por dos escuadrones franceses de caballería, impresionaron profundamente a los madrileños, que ya habían dado a la capital por perdida. Muchos pensaron que por fin Rusia se había decidido a intervenir, por lo que, desde los balcones de la Gran Vía, resonó el grito de «¡Vivan los rusos!». El 8 de noviembre por la tarde, la brigada ya ocupaba sus posiciones. Los batallones Edgar André y Comuna de París fueron enviados a la Casa de Campo. El batallón Dombrowsky se unió a Líster y al Quinto Regimiento en Villaverde. Se ha dicho que las Brigadas Internacionales salvaron Madrid. El embajador inglés, sir Henry Chilton, llegó a asegurar a su colega norteamericano en San Juan de Luz que «no había españoles en el ejército que defendió Madrid». Sin embargo, esta 11ª Brigada Internacional sólo contaba con 1.900 hombres, aproximadamente La 12ª Brigada Internacional, que llegó al frente de Madrid el 13 de noviembre, comprendía unos 1.550 hombres. Esta fuerza era demasiado reducida para haber cambiado el signo del día sólo con el número de sus hombres. Además, el ejército republicano había detenido a Varela el 7 de noviembre, antes de la llegada de la brigada. Fueron los coroneles Galán y Romero, al mando de las brigadas mixtas 3ª y 4ª, quienes impidieron que los rebeldes cruzaran el Manzanares (y, en la 3ª Brigada, había una cantidad importante de ex-carabineros). Sin embargo, el valor y la experiencia de las brigadas resultó crucial en varias batallas posteriores. El ejemplo de las Brigadas Internacionales dio a los madrileños la impresión de que no estaban solos, de que había algo de verdad en las inflamadas declaraciones de, por ejemplo, un Fernando Valera, subsecretario de Comunicaciones y diputado republicano que, en la noche del 8 de noviembre, proclamaba por Radio Madrid: «Aquí, en Madrid, se encuentra la frontera universal que separa la libertad de la esclavitud. Aquí, en Madrid, se enfrentan en una gran lucha dos civilizaciones incompatibles: el amor contra el odio, la paz contra la guerra, la fraternidad de Cristo contra la tiranía de la Iglesia [...]. Esto es Madrid. Está luchando por España, por la humanidad, por la justicia, y, con su manto de sangre, cubre a todos los seres humanos. ¡Madrid! ¡Madrid!». A pesar de todo, en la mayor parte del mundo se daban por buenos los informes de eminentes periodistas, tales como Sefton Delmer, Henry Buckley y Vincent Sheean, acuartelados en los hoteles Gran Vía o Florida, que decían que Madrid estaba a punto de caer. Al día siguiente, 9 de noviembre, Varela, detenido en la Casa de Campo, preparó un nuevo ataque, esta vez de verdad, en el sector de Carabanchel. Pero la lucha en las calles desconcertaba a los marroquíes, que no conseguían avanzar. Eran unos tiradores excelentes en el desierto o en campo abierto, pero sus recursos disminuían en aquella ciudad desconocida. "


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