Radiaciones (fragmento)Ernst Jünger

Radiaciones (fragmento)

"Las conversaciones entre varones deberían desarrollarse igual que las de los dioses, como charlas entre seres invulnerables. El combate con ideas ha de asemejarse a un combate con espadas espirituales, que cortan la materia sin esfuerzo y sin causar dolor; y el goce resulta tanto más puro cuanto más preciso es el golpe que se recibe. En tales acciones bélicas del espíritu es preciso ser inmunes a las heridas.
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En las conversaciones sobre la crueldad de estos días emerge con frecuencia esta pregunta: de dónde salen todas esas fuerzas demoníacas, como los desolladores y asesinos, esas fuerzas que, sin embargo, nadie había visto y ni siquiera sospechado. Pero estaban presentes en potencia, como lo demuestra la realidad. La novedad está en que ahora se han hecho visibles, en que han quedado sueltas, lo cual les permite causar daño a los seres humanos. Ha sido nuestra culpa común lo que ha llevado a dejar sueltas esas fuerzas: al despojarnos de los vínculos desencadenamos simultáneamente lo que había en los subterráneos. No nos es lícito, pues, quejarnos si el mal nos golpea a nosotros también en cuanto individuos.
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La radio anuncia que Himmler ha sido detenido; iba disfrazado. Tal vez la primera vez que no iba disfrazado -el Reichsfürer de las SS vestido de vagabundo, de mendigo tuerto. Sic transit gloria. Al ser detenido mordió una ampolla de cianuro que llevaba en la boca. Desde el comienzo tuve claro que esos caramelos tenían que formar necesariamente parte del equipo, del nécessaire de los hombres de poder puros, no inquietados por ningún escrúpulo. Lo que en ese hombre me resultó siempre raro fue que apestase a burgués. Uno pensaría que alguien que organiza la muerte de muchos millares de personas tendría que diferenciarse visiblemente de todos los demás hombres y que a su alrededor habría un resplandor terrible, un brillo luciferino. En vez de tales cosas, esos rostros, que uno encuentra en toda gran ciudad cuando anda buscando una habitación amueblada y nos abre la puerta un funcionario que se ha jubilado anticipadamente. En eso se hace patente, por otro lado, hasta qué grado ha penetrado el mal en nuestras instituciones: el progreso de la abstracción. Detrás de la primera ventanilla, puede aparecer nuestro verdugo. Hoy nos manda una carta certificada y mañana, la sentencia de muerte. Hoy nos hace un agujero en el billete de tren, y mañana, un agujero en la nuca. Y ejecuta ambas cosas con la misma pedantería, con el mismo sentido del deber. Quien no v eso ya en los andenes de las estaciones y en el keep smiling de las vendedoras camina por nuestro mundo como un daltónico. Ese mundo no tiene sólo zonas y períodos terribles, sino que es terrible de arriba abajo. También habría que meditar sobre lo siguiente: las ideas ampulosas, la fealdad cotidiana de tales personajes son un indicio de su papel subordinado en el imperio del mal. El pensamiento de que millones de personas dejan este mundo porque un señor, un tal Himmler, acciona la palanca de la máquina de aniquilación, ese pensamiento forma parte de las ilusiones ópticas. Si ha estado cayendo nieve todo el invierno basta la pata de una liebre para que se precipite al valle un alud. "



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