Historia del arte en España II: desde Goya hasta nuestros días (fragmento)Valeriano Bozal

Historia del arte en España II: desde Goya hasta nuestros días (fragmento)

"Millares realiza sus obras con telas de arpillera y objetos pegados en ella, objetos extraídos de la basura o que podían estar en la basura, en los que el uso ha sido puesto claramente de manifiesto, produciendo no el deterioro -esta palabra resulta demasiado aséptica para esas imágenes-, sino la destrucción. Los colores utilizados son preferentemente rojos, negros y blancos, arrojados sobre la tela. El saco ha sido cosido y recosido, roto y agujereado en mil sitios diferentes. Por su parte, Antonio Saura, influido en un principio por los americanos Pollock y De Kooning, por Emilio Vedova y por Kline, ha precisado pronto sus características formales. Al igual que Millares, su paleta es reducida: negro, blanco y rojo preferentemente. Sus figuras son muchas veces simbólicas: desde Cristo hasta las multitudes, pasando por Brigitte Bardot. Estas figuras aparecen casi irreconocibles, deformadas por rasgos violentos, sincopados, trazos distorsionados, gesticulantes, que deforman los rostros como si hubieran sido eternamente golpeados, en un absoluto desprecio por las normas de la representación figurativa tradicional.
¿Cuáles son, en resumen, los resultados obtenidos por estos pintores? La realidad que nos ofrecen como protagonista de sus cuadros -algo ya museable- es el desecho, lo que nadie quiere, lo tirado y destrozado, lo irreconocible, una masa informe que "representa" una figura... Tres son los elementos estilísticos fundamentales: la violencia formal, base del ritmo de la pintura, trátese tanto de trazos, de grafismos, como de telas de arpillera; la disposición espacial, que deja de ser representativa, quedándose sólo en expresiva, abandonando el ilusionismo de la tercera dimensión tan criticado por los cubistas; finalmente, la índole expresiva de los materiales, máxima en Millares y otros cultivadores de los "nuevos materiales", mínima en Saura (mucho más tradicional en este aspecto). La conjunción de estos tres factores supone la ruina de la imagen tradicional, de la percepción convencional del mundo como espectáculo (el cuadro era a la manera de una ventana que se abría para ver desde su marco lo que pasaba fuera, en la calle, en la escena; es también a la manera de un escenario en el que se refleja la vida, que nosotros contemplamos confortablemente sentados en la butaca; en uno y otro caso, una nota común: la lejanía, la distancia, la contemplación), de la nobleza del arte en sus formas y materiales, de la belleza (que había sido reducida habitualmente a lo bonito y lo decorativo), de la serenidad y el orden, que son ahora vapuleados por un desequilibrio y un desorden fundamentales. "



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