Los hijos de la viuda (fragmento)Paula Fox

Los hijos de la viuda (fragmento)

"La conversación se inició de inmediato, aunque, ante la pregunta de Clara sobre cuánto tiempo iban a estar en África, Desmond vaciló tanto que ella se preguntó si sabía qué le estaba preguntando.
-¿Por qué lo hacen siempre? –preguntó Peter, frotando la tela de la silla con un dedo.
-¿Hacer qué? –preguntó Laura.
-Es tan preciosa, esta tela. Brocado de imitación, ¿no? ¿Por qué no normal y corriente? ¿Por qué no una silla normal y corriente? ¿Por qué ponen música en los ascensores? ¡Y qué música! Y esos horrorosos flecos con borlas doradas, ¿y qué son esos dibujos estampados en vuestras colchas? ¡Escudos de armas, como mínimo! Me refiero a que…
-Peter –dijo Laura-. No malgastes tus nervios en banalidades. El mundo está destruido, queridos. No tiene ningún sentido criticar el mal gusto del cadáver en cuestión de mortajas.
-Estaba hablando por hablar –se defendió Peter.
-¿Has visto a mi madre últimamente? –preguntó Carlos a Laura. Llevaba algún tiempo callado y ahora su voz sonó correcta y fría, como si, durante aquel rato de silencio, hubiera segado sus vínculos con el resto de ellos. Ya estaba apartando la vista de su hermana; su interés en la respuesta parecía insignificante.
“Mi madre”. Así es como se referían a Alma todos sus hijos. Excluían a sus hermanos, pensó Clara. Esperaba que el tema de Alma no los mantuviera ocupados durante mucho tiempo. El corazón se le apretó débilmente contra las costillas. Presintió la eminencia de un ataque contra ella. Pero no había ninguna defensa salvo la admisión de que no se sentía con el valor suficiente para visitar a la anciana. Lanzó a Laura una mirada furtiva.
Todos la estaban mirando. Se había llevado frenéticamente el vaso a la frente, como si allí tuviera un dolor que se le fuera a quitar apretando. Tenía los ojos cerrados. Con los tensos brazos alzados, los tirabuzones que se le habían soltado cayéndole sobre la frente, las piernas dobladas en el estómago, un zapato comenzando a resbalársele del pie, era la viva imagen de la calamidad.
Desmond gritó incoherentemente, Peter se levantó, Carlos se retiró hacia la ventana y Clara, recordando un vaso de whisky que Laura había arrojado contra ella hacía tantos años que ya no recordaba el lugar, sólo el arco trazado por él, se encogió en la silla. "



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