La enfermedad (fragmento)Alberto Barrera Tyszka

La enfermedad (fragmento)

"No sé por cuánto tiempo debo esperar una respuesta. Pensé que, después de la segunda carta, usted contestaría en un día o dos. No ha sido así. He estado averiguando y me han dicho que los correos también se pierden, que eso ocurre con frecuencia. Es decir, que tal vez usted sí me contestó, pero que su respuesta se perdió y fue a dar al correo de otra persona, por ejemplo. También he pensado que quizás lo mejor es que yo imprima estas cartas y vaya personalmente al hospital a dárselas. Aunque le digo que, antes de hacer eso, preferiría de verdad que este sistema funcionara y que usted al menos me dijera si recibe o no mis correos. Con eso me bastaría, fíjese. Conque usted me enviara un correo con un “sí” o con un “no”, nada más, solamente eso. Así al menos sabría que estamos comunicados.
Durante este tiempo, mientras espero su respuesta, he estado tratando de revisar nuestra relación, tratando de recodar si hubo algo que pudiera haberle molestado, si yo hice algo que quizás pudo producir una reacción como ésta. ¿Será posible que usted reciba y lea mis correos y no desee contestarme, que no quiera saber nada de mí? ¿Acaso puede ser cierto lo que dice su secretaria? Por más que lo pienso, le juro que a mí me sigue pareciendo imposible. No me cuadra. Usted no sería capaz de hacerle algo así a un enfermo. Al menos eso siento yo. Es lo que todavía siento.
Como le decía en la carta anterior, lo único que le pido es un poco de la misma confianza que yo le tuve a usted. Usted me dijo que mi salud era perfecta, que era imposible que me desmayara, y yo confié en usted. Y en verdad pasé uno o dos días sintiéndome mejor. Pero al tercer día volvieron de nuevo esas sensaciones de desmayo. Lo recuerdo perfectamente. Yo acababa de salir de mi trabajo y caminaba por la avenida Solano. Era un mediodía con mucho sol, hacía mucho calor. Yo iba de lo más tranquilo cuando, de pronto, en una esquina, me agarraron de nuevo los mismos síntomas. Me puse muy nervioso. Creí que me derrumbaría ahí mismo, en ese lugar y en ese instante. Mis manos estaban frías, mi cabeza sudaba, me costaba tragar. Tuve la impresión de que a mi alrededor todo iba a comenzar a moverse, de que estaba perdiendo el equilibrio. Ésa fue la primera vez que lo llamé por teléfono. No se me ocurrió otra cosa. Usted debe recordarlo. "



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