Extranjeros en el universo (fragmento)Clifford D. Simak

Extranjeros en el universo (fragmento)

"Salió a pasear muy de mañana, antes de la salida del sol, y se dirigió, pasado el viejo y ruinoso granero que se desmoronaba a trozos, a cruzar el arroyo y a subir pausadamente por la ladera opuesta, verdegueante de pastos y sembrada de bellas flores de verano, delicadamente cubiertas de rocío, mientras que un aire fresco y delicioso le acariciaba, poniendo en aquella hora temprana un ligero toque de frialdad en el ambiente.
Salió de paseo a aquella hora temprana porque sabía que no disponía de muchas mañanas que perder; cualquier día, el dolor se haría más agudo... y ya estaba preparado para el final; ya lo estaba desde hacía bastante tiempo.
No tenía prisa alguna. Tomaba cada paseo como si fuera el último que tuviese que dar, y no quería perderse detalle alguno de cuanto veía en aquellos últimos paseos de su joven vida todavía, los rostros que se volvían para saludarle al paso, las flores silvestres, los sembrados, los pájaros, cuanto había de vida a su alrededor.
Y encontró la máquina a lo largo del sendero que pasaba a través de un bosquecillo que encabezaba un barranco. A primera vista, aquello le irritó la visión, ya que resultaba extraño e incongruente en la calma bucólica de la campiña. Aquella máquina rara no tenía sitio en aquel lugar apacible, era un elemento chocante y fuera de lugar, sencillamente. Para él, todo lo normal lo constituía el campo, los árboles, los sembrados y la vida primitiva y sencilla en que vivía en la vieja granja donde había venido voluntariamente a recluirse, esperando la llegada trágica de su último día en la Tierra.
Se detuvo atónito y miró fijamente la extraña máquina. Todo el ambiente que le- rodeaba se apartó de su pensamiento y concentró su atención en aquel extraño objeto, que parecía escapado de algún comercio de la ciudad. Conforme la miraba con más atención, comenzó a apreciar las ligeras diferencias existentes en aquella máquina y comprendió que se trataba de algo jamás visto antes, ni oído y que, desde luego, no era ninguna máquina de lavar vagabunda, ni ningún acondicionador de aire que hubiera escapado de ningún comercio, huyendo hacia el campo.
Y aquello brillaba... no con el lustre de una superficie metálica bruñida de cualquier máquina o con el brillo de cualquier tipo de porcelana, sino con un resplandor interno que parecía emitir toda la sustancia de que estaba compuesto. Mirándola, se obtenía la impresión de verse en ella, si bien no era posible apreciar bien el interior de su mecanismo, si es que lo tenía. Era de forma rectangular, apreciándose, al primer golpe de vista, un tamaño de unos tres pies por cuatro y dos de altura, sin cerraduras, pestillos ni palancas de ningún género o diales que sugirieran la idea de manipular tan extraña máquina. "



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