Homínidos (fragmento)Robert J. Sawyer

Homínidos (fragmento)

"Los bosques del sur nos comunican el mensaje de que no tuvo que ser así, que hay espacio en la tierra para una especie biológicamente comprometida con los aspectos morales de lo que, irónicamente, nos gusta llamar «humanidad»: el respeto a los demás, la contención personal y el rechazo a la violencia como solución al conflicto de intereses. La aparición de estas tendencia en los monos bonobos apunta a lo que podría haber sido el Homo sapiens si la historia evolutiva hubiera sido tan sólo ligeramente distinta.
Richard Wrangham y Dale Peterson, Demonic Males: Apes and the Origins of Human Violence.
Jasmel y Adikor tomaron un cubo de viaje de vuelta al Borde, a la casa que Adikor había compartido con Ponter. No hablaron mucho durante el trayecto, en parte, por supuesto, porque Adikor estaba sumido en sus pensamientos debido a la revelación de Bolbay, y en parte porque ni a él ni a Jasmel les gustaba la idea de que alguien del pabellón de archivos de coartadas estuviera controlando cada palabra que decían y cada cosa que hacían.
Con todo, tenían un problema acuciante. Adikor necesitaba volver a su laboratorio subterráneo: por ínfima que fuese la posibilidad de que Ponter pudiera ser rescatado (o, pensaba Adikor, aunque no había compartido este pensamiento con Jasmel, de que al menos pudiera recuperarse su cadáver ahogado, exonerándolo) dependía de que él volviera a bajar allí. ¿Pero cómo hacerlo? Miró a su Acompañante, en el interior de su muñeca izquierda. Podía sacárselo, suponía, cuidando de no dañar la arteria radial al hacerlo. Pero el Acompañante no sólo necesitaba del cuerpo de Adikor para conseguir energía, también transmitía sus signos vitales, y no podría hacerlo si estaba separado de él. Tampoco podía hacer un rápido trasplante a Jasmel o alguien más: el implante estaba sintonizado con los parámetros biológicos concretos de Adikor.
El cubo de viaje los dejó en la casa, y Adikor y Jasmel entraron. Jasmel se metió en la cocina para buscarle algo de comer a Pabo, y Adikor se sentó a contemplar, al otro lado de la habitación, el sillón vacío que era el lugar de lectura favorito de Ponter.
Burlar el escrutinio judicial era un problema... un problema, advirtió Adikor, científico. Tenía que haber algún modo de evitarlo, una manera de engañar a su Acompañante... y a quien estuviera monitorizando sus señales.
Adikor conocía la historia de la vida de Lonwis Trob, el creador de la tecnología de los Acompañantes: había estudiado sus muchos inventos en la Academia. Pero eso había sido hacía mucho tiempo, y recordaba pocos detalles. Por supuesto, podía preguntarle simplemente a su Acompañante los datos que necesitaba, y el Acompañante accedería a la información requerida y la mostraría en su pantallita o en cualquier monitor de pared o bloque de datos que Adikor seleccionara. Pero una petición semejante sin duda llamaría la atención de la persona que estuviera vigilándolo.
Adikor notó que se encolerizaba: los músculos tensándose, el ritmo cardíaco aumentando, la respiración cada vez más agitada. Pensó en intentar disimularlo, pero no... dejaría que la persona que lo estaba vigilando supiera cuánto lo estaban inquietando.
Por listo que hubiera sido Lonwis Trob, tenía que haber un modo de conseguir lo que quería hacer, lo que necesitaba hacer. ¿Y qué era exactamente? Define tu problema con la máxima exactitud: eso era lo que le habían enseñado en la Academia. ¿Qué hay que hacer exactamente?
No, no tenía que derrotar a los Acompañantes... lo cual era buena cosa, porque no se le había ocurrido ni una sola idea para conseguirlo. De hecho, no eran todos los Acompañantes lo que necesitaba estropear; de hecho, hacer eso sería inconsciente por su parte: los implantes garantizaban la seguridad de todo el mundo. Sólo necesitaba estropear su propio Acompañante, pero...
Pero no, tampoco era eso. Estropearlo no serviría de nada; Gaskdol Dut y los otros controladores tal vez no pudieran localizarlo si su Acompañante dejaba de funcionar, pero sabrían inmediatamente por su falta de transmisiones que algo iba mal. Y no hacía falta un Lonwis para darse cuenta de que Adikor iría a la mina, puesto que ya le habían impedido una vez acceder a ella.
No, no, el verdadero problema no era que su Acompañante funcionara. Más bien era que alguien estaba vigilando las transmisiones de su Acompañante. Eso era lo que necesitaba detener, y no sólo un instante más o menos breve sino durante varios diadécimos y... Y de repente se le ocurrió la solución perfecta. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com