Kowloon Tong (fragmento)Paul Theroux

Kowloon Tong (fragmento)

"Su madre no le ayudaba; Bunt lo achacó a la inseguridad y a la envidia. Cuando Betty decía «no hagas caso» era como si lo retara a desafiarla. Con el paso de los años, Betty cada vez utilizaba más aquellas ocasiones para poner a prueba la lealtad de su hijo. Él le echaba la culpa a Hong Kong y al aislamiento de su madre en el Peak.
Aunque al final Betty levantaba la cabeza como una emperatriz, tenía la cara de tortuga de las viejas (cuello enjuto y perfil ganchudo), y eso le confería el aspecto patético y extrañamente vulnerable de las especies en peligro de extinción.
Lo que se insinuaba pero nunca se decía era la idea: «Si me eres fiel, me obedecerás».
—El señor Hung —dijo Betty como si pensara en voz alta, y sonrió y entornó los ojos, como evocando su cara—, aunque alguien te diga con todo lujo de detalles lo que un chino tiene en la cabeza, aun así nunca lo entenderás.
Bunt la miró fijamente, y lo único que oyó fue: «Obedéceme».
—Cuando yo era pequeña solíamos decir: «Es un chinito loco». Eso significa algo, Bunt.
Significaba que ella nunca se mezclaba con nadie de Hong Kong, y que, por supuesto, aunque bajara del Peak para apostar en Happy Valley o en Sha Tin, o para ir de compras, o al banco, o a tomar el té en el vestíbulo de un hotel o almorzar en el Red Room del Hong Kong Club acompañada por alguien como Monty, su círculo de amistades era inglés, y no se tomaba a los chinos en serio. Los chinos tenían negocios prósperos porque no cerraban sus tiendas hasta medianoche y porque eran unos refugiados desesperados. A diferencia de los británicos, no tenían aficiones, ni diversiones, ni placeres. Cuando apostaban lo hacían sólo por su tendencia autodestructiva. «Son demasiado enclenques para los deportes.» Los británicos se aferraban a su tradición de seguir un horario civilizado y cerrar temprano, media jornada libre los miércoles, y los fines de semana, fiesta. Los británicos eran gobernantes, los chinos eran sus súbditos. ¿Cuándo habían sido los súbditos del Imperio Británico otra cosa que enigmas? Los chinos eran un ejemplo supremo de eso con ojos rasgados. Siempre estaban desenfocados, y cuanto más te acercabas a ellos, más te costaba verlos. "



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