Cuestión de fe (fragmento)Donna Leon

Cuestión de fe (fragmento)

"La dottoressa Zeno no tardó en deducir qué posibilidad se estaba considerando, y dijo que podía hallar fácilmente los análisis hechos por la signorina Montini en los que unos malos resultados hubieran mejorado en poco tiempo.
Los resultados no tardaron en aparecer en el ordenador y, cuando ella los hubo impreso para Brunetti, éste vio que eran sorprendentes: entre las personas cuyos análisis habían sido hechos por la signorina Montini durante los dos últimos años, había más de treinta, todas ellas de más de sesenta años, cuyo nivel de colesterol había subido bruscamente y, al cabo de un mes, había empezado a bajar poco a poco hasta valores normales. El mismo perfil se observaba en numerosos casos de supuesta diabetes del adulto, con valores de glucosa muy altos que bajaban a nivel normal en un período de dos meses.
—Oh, qué listo el muy canalla —murmuró Vianello observando el cuadro. Y, con un enfoque más práctico—: ¿Cómo no lo vio nadie?
La signora Zeno pulsó varias teclas y en la pantalla apareció el número 73.461.
—¿Qué es eso?
—El número de los análisis que hicimos el mes pasado —respondió él con frialdad. Y, remachando el clavo—: Sólo de pacientes de los hospitales de la ciudad, a los que hay que sumar los que nos mandan los médicos que extraen muestras por su cuenta. —Sonrió y preguntó al inspector—: ¿Desea saber el número?
Vianello levantó las manos como el hombre al que apuntan con una pistola.
—Usted gana, dottoressa, no tenía ni idea.
Magnánima en la victoria, ella dijo:
—Lo mismo que la mayoría, incluso personas que trabajan en el hospital.
Brunetti oyó ruido y siguió la dirección de las miradas de dos de los técnicos que estaban vueltos hacia la puerta.
Se volvió y vio a Rizzardi. Brunetti no se explicaba cómo había podido ocurrir aquello, pero el patólogo, habitual—mente tan aseado, estaba desaliñado, casi como si hubiera dormido vestido. Dio unos pasos por el laboratorio, levantó la mano derecha y describió con ella un semicírculo acabando con la palma hacia arriba, apuntando al vacío.
—Le han vendado las muñecas y le han hecho una transfusión, pero entonces han llamado a la enfermera a otro box —empezó, mirando a Brunetti. Sacó el pañuelo, se enjugó la cara y la frente, se secó las manos y lo guardó en el bolsillo—. Mientras la enfermera estaba fuera, ella se ha arrancado las vendas y el suero. —Movió la cabeza. Dejó caer la mano.
Brunetti pensó en Catón, el más noble de los nobles republicanos. Cuando la vida se le hizo intolerable, se abrió el vientre. Sus amigos trataron de salvarlo y él se arrancó las vísceras, porque prefería la muerte a una vida sin honor. "



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