Una temporada en la vida de Emanuel (fragmento)Marie-Claire Blais

Una temporada en la vida de Emanuel (fragmento)

"Eloísa mantenía una correspondencia regular con los comerciantes de la ciudad, los médicos, los escribanos –y los estudiantes. Eloísa ubicaba en la categoría de los estudiantes (que lo sean o no, no importa, si ella los veía una sola vez con un libro bajo el brazo, elegía de inmediato para ellos esta frase de resonancia mágica: “¿El señor es estudiante?”. A menudo el señor respondía que vendía verdura en la plaza del mercado, pero ella no tenía en cuenta esta respuesta; indulgente, le otorgaba espontáneamente el título de estudiante), Eloísa ubicaba entonces en esta categoría a los muchachos de mejillas enrojecidas y elocuencia tosca que la visitaban después de las seis, por la tarde. Estaba también la categoría de los Viejos, la de los Gordos, e incluso una cierta categoría que no escapaba al desprecio de la muchacha (desprecio doloroso que podía ser el que sentía hacia su propia familia), la categoría de los Pobres. Eloísa llamaba pobres a aquellos que no tenían nada que ofrecerle, y a quienes ella debía deslizar una tajada de cebolla y un trozo de pan en el bolsillo de la camisa.
¡Si la señora Octavia Bienllenita hubiera sabido, ella que era tan económica, por cierto tan económica y prudente como la Superiora del convento, contando las monedas, anotando cada día los gastos en su cuaderno, temiendo el hambre para sus hijas, protegiendo como una gallina dominante a toda esa familia dispersa que le daba tantas preocupaciones! Eloísa recibía cada suspiro de la señora Octavia con admiración. Como una nave aparta las olas, la señora Octavia apartaba con sus brazos majestuosos, con sus hombros poderosos, las enormes dificultades que surgían cada día en la casa. "



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