La cultura del barroco (fragmento)José Antonio Maravall

La cultura del barroco (fragmento)

"De ahí el influjo social de la ciudad sobre el campo, que da lugar a la difusión en éste de modos de vestir y otros casos de irradiación ciudadana. Recordemos la aguda observación que hacía Lope de Deza: a los labradores, a la gente del campo, “principalmente a los circunvecinos de ciudades y villas grandes”, los arruina el afán de imitar a los que habitan en éstas, y una vez que acuden a ella, a pesar de las dificultades que puedan encontrar, no desean abandonar la ciudad. Refirámonos también al desplazamiento del poder económico a la ciudad –los ricos viven en ésta, aunque sus fortunas sean de tipo agrario-, con lo que se explica la compra continua de tierras por los ciudadanos, sobre todo en las zonas próximas a los núcleos más importantes, uno de los fenómenos que influyen seriamente en los trastornos estructurales de la época.
Son muchas las razones que dan lugar a que se acentúe ese proceso cuyo arranque cabe emplazar en los últimos siglos medievales y que en el siglo XVII va a alcanzar un nuevo nivel.
Pensemos en las desfavorables condiciones estructurales que se daban en España –y no menos en esa Europa que conocerá por igual el fenómeno del Barroco-, con una acumulación de propiedad en manos de los señores, laicos y eclesiásticos, apoyada en un amplio régimen de privilegios fiscales, administrativos, jurisdiccionales que, contra lo que se venía diciendo, la monarquía no había combatido ni pretendido mermar. Si a eso se añaden las penosas consecuencias sociales de los trastornos que provocó la política monetaria y la política de gasto público de la monarquía, con su conocido séquito de miseria y hambre, reconocemos en ello esas circunstancias que tan duramente cortaron el inicio del desarrollo de la producción, anularon la productividad del trabajo, arruinaron a artesanos, pequeños propietarios y jornaleros, e impulsaron en mayor medida aún la concentración de la propiedad de tierras y ganados, acentuando la separación entre propietarios y no propietarios, empeorando la situación de estos últimos. Todo esto, de suyo, no era forzoso que llevara a una incontenible tendencia de inversión del predominio, que del campo pasa a la ciudad. Pero en la situación histórica de la Europa del otoño medieval, se comprende que la salida a tan desfavorable planteamiento de condiciones llevara a un desplazamiento del centro de gravedad hacia los núcleos urbanos. La consecuencia fue dar lugar a un éxodo rural y a un creciente absentismo, que está en la base de las transformaciones demográficas características de la época. "



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