Incierta memoria (fragmento)Gonzalo Santonja

Incierta memoria (fragmento)

"Un amanecer es como el mar: hay que acercarse al pulso sostenido de su oleaje con delicado tiento, embelesadamente, entreabriendo con pudor las hojas de la ventana y aguardando desnudo el centelleo multiforme de la luz al penetrar en la estancia. Mientras al fondo brillan los chopos, su armoniosa invasión nos devuelve a la vigilia traslúcida de las cosas ciertas. En un sueño remoto, ajado, imposible, se agita entonces, perdido, el recuerdo de las sombras. Pero las alas conscientes de las sombras húmedas impidieron que así amaneciese en Osuna el día seis de septiembre de 1680. Pues, contraviniendo los usos de las estaciones, salió aquella mañana el otrora radiante Planeta, no alegre, como cuando retorna de los brazos amorosos de la Aurora, sino triste y encapotado, apagado por densas nubes que imponían rígido luto a sus rayos, sembrando con su vista pavor y afligimiento en unos corazones que las desbocadas lluvias nocturnas ya habían tornado temerosos.
Avanzaron las horas; se incrementó la lobreguez de la jornada; creció el espanto. El rubicundo hijo de Apolo asomó media cara entre los fatales nubarrones poco antes del mediodía. Lo hizo para advertir al deán don Pero López, hombre glotón donde los haya, refugiado en lugar apartadísimo para disfrutar a su solaz de opíparo y pecaminoso manduque, pues ha de saberse que el impenitente comilón estaba obligado, por mor de una promesa, a observar recia abstinencia durante el mes.
Ululó, ensordecedor, el Boreas soberbio; se ocultó el agradable Apolo. A Pero López le voló la trucha de la mano. El viento se la arrebató cuando el hombre se aprestaba a hincarle los dientes. Apenas repuesto de la sorpresa, el desesperado tragón vio seguir el mismo camino hacia los aires a una pierna de cordero que, convenientemente sazonada, aguardaba su turno sobre la hierba. Llorando y deshecho en lamentos, Pero López se arrojó, alardeando de agilidad no imaginada, contra los restos de lo que se iba quedando en proyecto de festín, tratando de proteger con su cuerpo un pollo, doradito y tierno, que acababa de retirar del fuego. "



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