Los guardianes del libro (fragmento)Geraldine Brooks

Los guardianes del libro (fragmento)

"Oí su voz en la oscuridad.
—Gritabas mientras dormías —me dijo Nura, apoyando su mano alargada sobre uno de mis pechos—. Tu corazón latía desbocado.
—Soñaba con mi padre. Un buitre le arrancaba... No, no puedo hablar de ello...
Me abrazó y me cantó dulcemente, con un tarareo bajo que me recordó la suave voz de mi madre.
Otra noche desperté y me volví hacia ella. La luz de la luna se reflejaba en sus ojos, abiertos en medio de la oscuridad. Toqué su mano cariñosamente, y ella se volvió hacia mí. Vi un destello en sus ojos. Estaban húmedos, a punto de derramar lágrimas. Pausadamente, empezó a hablar.
A su padre lo empalaron en la verja de hierro de su casa. A su madre la mataron delante de él, mientras se retorcía agonizante e indefenso. Oyendo los gritos angustiosos de su padre, Nura tuvo que esconderse con su hermana y su hermano en un hueco bajo las tablas del suelo. Los asaltantes incendiaron la casa. Ella salió corriendo, tirando de su hermano, pero resbaló en la sangre de su madre. Su hermano se quedó a ayudarla; su hermana pequeña siguió corriendo. Vieron cómo un caballero la cogía y la subía a su montura. Nura nunca llegó a saber qué fue de la niña.
Intentó huir con su hermano, pero en la confusión se les atravesó el semental de uno de los guerreros.
—Creí que los cascos nos harían pedazos —me dijo; pero el jinete hizo girar al animal—. Levanté la vista y, a través de las rendijas de la visera, distinguí sus ojos. Se quitó el manto y me lo echó encima para cubrirme.
Los demás caballeros comprendieron que su señor había reclamado su derecho sobre ella. Cuando alguien quiso llevarse arrastrando a su hermano, ella se aferró al chico y le suplicó al emir que lo salvara.
—Atendió mi petición y, a cambio, ¡que Dios me perdone!, fingí que lo deseaba. Hasta el día de hoy, él no tiene ni idea de las náuseas que siento, ni de cómo se me revuelven las tripas cuando se me acerca. Cuando me penetra, lo que siento es la agonía de mi padre, ensartado como una pobre bestia...
Le tapé los labios con la mano.
—Basta ya —susurré, acariciándole la piel con suma dulzura.
En la penumbra, no se distinguía mi oscura mano, sólo una sombra deslizándose sobre la piel blanca. Procuré entonces que mi tacto fuese suave como una sombra. Después de un largo rato, ella me la cogió y la besó.
—Después de que me... después de acostarme con él, creí que nunca volvería a gozar con el contacto de otro ser humano —dijo.
Se apoyó sobre un codo y me miró largamente. Creo que fue en ese momento cuando me permití olvidar que yo era una esclava. Hoy me doy cuenta de que fue un error hacerlo.
Al mes, empezaron a llegar rumores de otros puntos de palacio, rumores sobre reuniones urgentes y discusiones enconadas. El enemigo había roto el cerco del emir y retomado el control de la colina. Nuestras fuerzas tuvieron que replegarse a las llanuras circundantes, donde seguían luchando por mantener el control de la principal vía de aprovisionamiento. Era crucial que ya no retrocedieran más, especialmente ahora. Si perdían el control del camino antes de que llegaran los frutos de las cosechas, la ciudad pasaría un invierno de hambrunas. "



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