Elisa besa la rosa (fragmento)Ignacio Amestoy

Elisa besa la rosa (fragmento)

"Siegmund.- ¿Algún amor?
Elixa.- (Actuando, con misterio.) Tiene una amante muy tirana: la música. (Ríen.) ¿Os han acomodado bien?
Siegmund.- Petra ha sido atentísima, como siempre, con nosotros. Muchas gracias, Elixa. No hemos visto al abuelo Mendiburu. ¡El homenajeado! Dormía su siesta.
Elixa.- ¡¡Su siesta!! No puede vivir sin ella. Madruga muchísimo y siempre se acuesta tarde. La siesta es el gran secreto de sus ochenta y cinco años.
Siegmund.- Tu marido, nos ha dicho Petra, viene de Bruselas esta noche.
Elixa.- Esto de los negocios es una auténtica pesadez. (No quiere hablar de ese tema y se dirige al violonchelista.) Ha estado usted muy bien. El "pizzicato" final fue perfecto.
Peter.- Me enorgullece que lo diga tan gran maestra. Es un honor. (Se queda como cortado, pero continúa.) ¿Sabe? Yo la vi tocar.
Elixa.- (Se ha quedado petrificada y tarda unos segundos en reaccionar.) Gracias..., a todos..., por venir. (Se va a retirar, conteniendo su emoción. Se vuelve con ligera vergüenza.)
Siegmund.- (Tomándole de la cintura y viniendo con ella hasta el proscenio, mientras se hace la oscuridad sobre los otros tres miembros del cuarteto.) Como ves, nadie te puede olvidar. (Elixa lleva sus dedos enguantados suavemente a la boca de Siegmund para callarle. Él, comprendiendo su ruego, cambia de conversación.) Estás adorable. Más radiante que nunca. (Ella no contesta, pero sonríe.) ¿Eres, también, más feliz que nunca?
Elixa.- (Mirándole fijamente.) Jamás supuse que podría ser tan dichosa.
Siegmund. Lo has conseguido. (Pausa.) Con la mano en el corazón, siempre pensé que Luis no te superaría.
Elixa.- Como se está demostrando, no eran tan difícil superarme.
Siegmund.- Todas las veces que me has traído a tu "jaula de oro" he salido deprimido. (Elixa le vuelve a poner sus dedos enguantados en los labios. Él, esta vez, le toma la mano y se la besa; luego, la otra, besándola también.) ¡Tus manos! (Él está emocionado.) ¡Tus dedos! ¿Cómo están? (Ella desprende sus manos de las de él y las hace volar como pájaros. Mientras, él, las mira. Cuando todavía están en el aire, Siegmund le besa a Elixa en los labios; limpiamente, pero con pasión. Ella no corresponde al beso y queda con los brazos suspendidos. Él se separa de ella y le dice:) En la vida tiene uno la sensación de que se llega a las cosas o demasiado pronto o demasiado tarde, nunca a tiempo. ¡Perdón, Elixa! (Siegmund se va, dejándola a Elixa Mortificada.) "



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