Rito de iniciación (fragmento)Alexei Panshin

Rito de iniciación (fragmento)

"Me dejó, pero a pesar de mi dolorido cansancio no me quedé dormida. No me gustaba estar allí. El viejo era un comebarro, y esto me ponía nerviosa. Estaba siendo bueno, mostrándose amable, pero ¿cómo se podía explicar aquello? Traté de resolver el problema, y no pude. Mi mente no estaba lo bastante descansada como para que pudiese ver las cosas con claridad. Al fin caí en un sueño sin descanso.
Más tarde, durante aquel día, el señor Kutsov me trajo alga de comida, y me ayudó a comer cuando vio que mis manos temblaban demasiado. Las suyas estaban algo deformadas y muy arrugadas.
Entre bocados, le pregunté:
--¿Por qué está haciendo esto por mí?
¿No has oído hablar nunca de la parábola del buen samaritano? me contestó.
-Sí -le dije. Siempre he leído mucho.
--El meollo de la historia es que hay veces que surgen cosas.: buenas incluso por parte de los hombres malvados y de baja calaña. Pero hay libros en los que dicen que la historia ha sido cambiada. En la verdadera versión el hombre que había en el camino era el samaritano, un hombre tan malo como quepa imaginar, y el hombre que lo rescató estaba dispuesto a hacer el bien incluso con alguien como él. Quizá seas de las Naves, pero no me gusta ver que hagan daño a los niños. Así que te trato tal como fue tratado el samaritano.
No sabía qué decirle. No soy una mala persona. Creía que eso era algo que podía verse. No podía comprender cómo pensaba tan mal de nosotros.
Entonces, quizá al ver mi asombro, añadió:
-Lo lamento. Yo no pienso tan mal de las Naves como la mayoría. Sin ellas, ni siquiera estaríamos aquí. Eso es algo que hay que recordar en esta mala época. Así que puedes estar segura de que no diré que eres de las Naves, descansa tranquila. Mi casa es tuya.
Al siguiente día me sugirió que, para mi propio bien, aprendiese a hablar con un acento que no me delatase. Aquello era muy sensato. Ahora, mi mente no estaba tan nublada, y comenzaba a preocuparme acerca de cosas tales como encontrar una forma en que entrar en contacto con la Nave. Para hacerlo, quizá tuviera que pasar por nativa. Y, maldita sea, si no lo lograba desde luego que tendría que pasar por nativa.
No acababa de comprender del todo al señor Kutsov. Tenía, la impresión de que tenía más cosas en la mente de lo que aceptaba. ¿O acaso se estaría limitando a portarse bien con el odiado samaritano? No, había algo más. Por alguna razón, estaba interesado en mí:
Trabajamos durante un par de horas en mi acento, aquel día. Algunos de los cambios eran bastante fáciles de aprender, como ciertas alteraciones en el sonido de las vocales, y una especie de sonido similar a la «b» para pronunciar las «p»... pero algunos de los cambios gramaticales no parecían tener ni orden ni sentido, aunque quizá un lingüista no esté de acuerdo conmigo. El señor Kutsov solo podía decirme:
-No sé el porqué. Solo sé que decimos las cosas así. Cuando me hubo dicho esto, lo dejé correr, pero me urgió a que lo intentase de nuevo. Me urgió, y eso era el tipo de cosas que me hacía preguntarme qué era lo que tenía en mente. ¿Por qué se preocupaba tanto?
Al cabo de un tiempo comencé a coger el acento. No puedo decir así, de buenas a primeras, cuáles eran los cambios más importantes. Creo que buena parte de su pronunciación era -influida por el ritmo. Pero el caso es que tengo buen oído. Su¬pongo que, después de todo, había algún orden en aquello, pero, si así era, solo lo capté de un modo subconsciente. Logré mejorar cuando llevé varios días practicando.
-Así no -me dijo el señor Kutsov en una ocasión-. Suenas como si llevases la boca llena de gachas.
Esto no era sorprendente, dado que aquello era justamente lo que me daba para comer. Pero; en cualquier caso, me había limitado a repetir lo que había oído. "



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