Tiempo de cambios (fragmento)Robert Silverberg

Tiempo de cambios (fragmento)

"Algunos días más tarde, la noticia de mi deshonra se hizo pública en Manneran, y rápidamente llegó a Salla. Noim me mostró los informes. Yo era descrito como principal asesor del Gran Juez del Puerto, y abiertamente clasificado como un hombre de la mayor autoridad en Manneran que, por añadidura, tenía lazos de sangre con los primeros septarcas de Salla y Glin... y, sin embargo, pese a estas dotes y dignidades, me había apartado del Pacto para caer en una ilegal autoexhibición. Yo había violado no simplemente el decoro y la etiqueta, sino también las leyes de Manneran, haciendo uso de cierta droga proscrita, procedente de Sumara Borthan, que disuelve las barreras divinas que separan a un alma de otra. Se decía que abusando de mi alto cargo había logrado hacer un viaje secreto al continente sur (¡pobre capitán Khrisch! ¿Habría sido arrestado también?), del que había regresado con gran cantidad de la droga, cuyo uso había impuesto diabólicamente a una mujer plebeya a quien mantenía; también había hecho circular esa detestable sustancia entre ciertos miembros prominentes de la nobleza, cuyos nombres no eran revelados debido a su cabal arrepentimiento. La víspera de mi arresto, yo había escapado de Salla, y mejor para mí: si intentaba regresar a Manneran sería inmediatamente detenido. Mientras tanto, sería juzgado in absentia, y según el Sumo Magistrado poca duda podía caber en cuanto al veredicto. A modo de compensación al estado por el gran perjuicio que yo había causado al edificio de la estabilidad social, se me obligaría a entregar todas mis tierras y propiedades, con la única excepción de una parte que se reservaría para la manutención de mi esposa e hijos, inocentes. (Entonces Segvord Halalam había logrado al menos eso.) Para impedir que mis amigos de la nobleza me transfirieran mis bienes a Salla antes del juicio, todo lo que yo poseía había sido ya confiscado antes del decreto de culpabilidad del Sumo Magistrado. Así hablaba la ley. ¡Ay de los que se convirtiesen en monstruos exhibicionistas! "


El Poder de la Palabra
epdlp.com