Madre Tierra (fragmento)Manuel Mira Candel

Madre Tierra (fragmento)

"Recostada sobre el respaldo de forja de la cama, Sefarat inmoviliza los ojos y contiene la respiración. Interpreto que ella desea que me detenga, quizá porque ha advertido fatiga en el tono de mi voz, o más bien, caigo en la cuenta, porque la estela imaginada del Chiswich, con la nube de gaviotas alborotando en la popa en el instante de rebasar las columnas del mar que se abre a lo desconocido, le ha hecho un nudo en la garganta. Algo ha irrumpido en su mente y está a punto de gritar. Se adivina en el impulso que apenas puede contener un horror impreciso y cobarde. Se lleva las manos a la cara, que encuadra un rato entre sus dedos sin bajar la mirada con la que intenta penetrar en el destino de aquel hombre ya encadenado al suyo. Apenas se le oye musitar: Plus Ultra.
Tengo la impresión de que interrumpo sus pensamientos cuando digo:
-Es curioso, pero desde entonces todo empieza a hacerse más confuso para mí, y por tanto más difícil la reconstrucción de sus pasos. Como si las tinieblas agazapadas más allá del estrecho de Gibraltar nublaran mi memoria.
-Yo tengo la sensación contraria -dice ella, ensoñadora-. Ese barco adentrándose en el Atlántico lo conducía a mí.
Sefarat se levanta y abre la ventana. En la habitación entra una bocanada de noche resplandeciente. La luna en los juncales de Al Bunhayrath proyecta un haz de luz amarilla hacia las torres almenadas de la ciudadela y envuelve la espalda del faro de Alejandría, que parece reaccionar con un violento destello sobre el cuerpo plateado del mar. En el contraluz, las velas de los pesqueros se asemejan a una bandada de murciélagos sobrevolando los límites entre la oscuridad y la luz. "



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