Sed de champán (fragmento) Montero Glez

Sed de champán (fragmento)

"Era una soleada mañana de finales de mayo, y los reyes, recién casados, volvían a palacio desde la iglesia de San Jerónimo.
Les acompañaba toda la comitiva por la calle Mayor cuando un gran ramo de flores cayó justo al lado de su coche de caballos. Lo habían arrojado desde un balcón y las flores tenían la firma de un pueblo que se burla de sus amos y de sus reyes. La marquesa de Tolosa y su sobrina encontraron allí la muerte, justo cuando se hallaban asomadas a un balcón. Pero no sólo murieron hembras cebaderas; no. También murieron caballos de varas. Los zapatos de la novia, así como el vestido, se cubrieron de sangre equina. La recién estrenada reina se tocó las orejas y se desmayó. Había perdido el conocimiento y los pendientes. Fue cuando el Rey, todo él desbigotado, empezó a imperar órdenes y palabras groseras aprendidas en los establos y en las casas de putas. Alfonso León Fernando Santiago María Isidro Pascual Antón, o sea, Alfonso XIII, se refirió al accidente como si hubiesen sido fuegos artificiales. «Son gajes del oficio», dijo con la flema en la boca. «Intento de asesinato, una enfermedad que suelen padecer los reyes», y acto seguido escupió la flema. Y tras estas gotas de bilis histórica, volvamos al galpón de la calle San Mateo y a los pendientes. El Marquesito los llevaba con él la noche que cayó desarmado, luego de una larga partida con muchos vuelos, jugándoselo todo al chiribito, llorándole al Flaco Pimienta, implorándole como una pebeta que le pagaría su deuda en el plazo que él quisiera, pero que no le castigase. Que no. "



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